«Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno».
Colosenses 3: 10, RV60
Cuando Adán salió de las manos del Creador, llevaba en su naturaleza física, mental y espiritual, la semejanza de su Hacedor.
El pecado mancilló y casi borró la imagen divina. Sus facultades físicas se debilitaron, su capacidad mental disminuyó, su visión espiritual se oscureció. Quedó sujeto a la muerte. No obstante, la humanidad no fue dejada sin esperanza. Con infinito amor y misericordia había sido diseñado el plan de salvación y se le otorgó una vida de prueba. La obra de la redención debía restaurar en el ser humano la imagen de su Hacedor, devolverlo a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente y el alma, a fin de que se llevara a cabo el propósito divino para el cual los seres humanos habíamos sido creados.— La educación, cap. 1, p. 15. Aunque la imagen moral de Dios fue prácticamente eliminada por el pecado de Adán, puede ser renovada por los méritos y el poder de Jesús. El ser humano puede permanecer de pie con la imagen moral de Dios en su carácter; porque Jesús se la dará. Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1078.
Fue algo maravilloso para Dios crear al ser humano, hacer la mente. La gloria de Dios será revelada en la creación del ser humano a su imagen y en su redención. Una sola alma vale más que un mundo. El Señor Jesucristo es el autor de nuestro ser y es también el autor de nuestra redención, y todo aquel que quiera entrar en el reino de Dios desarrollará un carácter que reproducirá el carácter de Dios.— Ibid., p. 1105.
El Señor, mediante verdades precisas y directas para estos últimos días, está separando aun pueblo del mundo y purificándolo para sí. Las modas orgullosas y malsanas, el amor a la ostentación y a ser aprobados, todo debe ser dejado con el mundo si es que hemos de ser renovados en conocimiento a la imagen de Aquel que nos creó.— Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 61.
Por el factor transformador de su gracia, la imagen de Dios se reproduce en el discípulo; viene a ser una nueva criatura.—El Deseado de todas las gentes, cap. 41, p. 361.
El Espíritu Santo, el Consolador que Jesús dijo que enviaría al mundo, es el que cambia nuestro carácter a la imagen de Cristo, y cuando esto se logra, reflejamos como en un espejo la gloria del Señor.— Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1097.
LA GRACIA QUE TRANSFORMA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
