«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros».
2 Corintios 4: 7
Todas las buenas cualidades que poseen los seres humanos son dones de Dios; realizan sus buenas acciones por la gracia de Dios manifestada en Cristo. Como lo deben todo a Dios, la gloria de cuanto son y hacen le pertenece solo a él; ellos no son sino instrumentos en sus manos.
Además, según todas las lecciones de la historia bíblica, es peligroso alabar o ensalzar a los seres humanos; pues si uno llega a perder de vista su total dependencia de Dios, y a confiar en su propia fortaleza, caerá seguramente. El ser humano lucha con enemigos que son más fuertes que él. Es imposible que nosotros, con nuestra propia fortaleza, sostengamos el conflicto; y todo lo que aleje nuestra mente de Dios, todo que induzca al ensalzamiento o a la dependencia de sí, prepara seguramente nuestra caída. El tenor de la Biblia está destinado a inculcarnos desconfianza en el poder humano y a fomentar nuestra confianza en el poder divino.— Patriarcas y profetas, cap. 71, pp. 707, 708.
Nuestro Padre celestial no ha enviado ángeles del cielo a predicar la salvación a la humanidad. Ha abierto para nosotros las preciosas verdades de su Palabra y ha implantado la verdad en nuestros corazones para que podamos darla a los que se hallan en tinieblas. Si hemos disfrutado realmente del maravilloso cumplimiento de las promesas divinas, las daremos a conocer a todo el mundo.
Hemos de esforzamos conforme a la medida de la gran responsabilidad que descansa sobre cada uno de nosotros. Hemos de manifestar energía incansable, tacto y fervor en esta obra, y llevar la carga, conscientes del peligro en que están nuestros vecinos y amigos. Debemos obrar como Cristo obró. Tenemos que presentar la verdad tal como Jesús la enseñó, para que la sangre de las almas no recaiga sobre nosotros. Al mismo tiempo debemos depender y confiar plenamente en Dios, porque sabemos que no podemos hacer nada sin contar con la ayuda de su gracia y su poder.
Un Pablo puede plantar y un Apolos regar, pero únicamente Dios puede dar el crecimiento.— En los lugares celestiales, 20 de noviembre, p, 333.
Nuestro deber, nuestra seguridad, nuestra felicidad y utilidad, y nuestra salvación nos llaman a cada uno a emplear la mayor diligencia para procurar la gracia de Cristo.— The Review and Herald, 8 de enero de 1884.
SOLO POR GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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