Podemos estar dispuestos a dar nuestra propiedad a la causa de Dios, pero esto no valdrá a menos que le demos también un corazón amante y agradecido. Los que quieren ser verdaderos misioneros en campos extranjeros, deben primero ser verdaderos misioneros en el hogar. Los que desean trabajar en la viña del Maestro, deben prepararse para esto mediante el cultivo cuidadoso del pedacito de viñedo que él ha confiado a su cuidado.
El hombre, “cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él”.* Muchos pensamientos forman la historia no escrita de un solo día, y estos pensamientos tienen mucho que ver con la formación del carácter. Debemos vigilar estrictamente nuestros pensamientos, pues un pensamiento impuro hace profunda impresión en el alma. Un pensamiento malo deja una mala impresión en la mente. Si los pensamientos son puros y santos el hombre mejora por haberlos acariciado. Aceleran el pulso espiritual y aumentan el poder para hacer el bien. Y así como una gota de lluvia prepara el camino para otra en el humedecimiento de la tierra, un buen pensamiento prepara el camino para otro.
El más largo viaje se efectúa dando un paso a la vez. La sucesión de pasos nos lleva al final del camino. La más larga cadena se compone de eslabones distintos. Si uno de estos eslabones es defectuoso, la cadena no sirve. Lo mismo ocurre con el carácter. Un carácter bien equilibrado se forma por la buena ejecución de actos pequeños. Un defecto, cultivado en vez de vencido, hace imperfecto al hombre y le cierra la puerta de la Santa Ciudad. El que entre en el cielo tendrá que tener un carácter sin mancha, arruga ni cosa semejante. Nada que corrompa podrá entrar allí. En toda la hueste redimida, no se verá un defecto.
*Proverbios 23:7.
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Sección 4—EL ANDAR EN LA LUZ “Capítulo 37”
Por: Elena G De White
Colaboradores:Liseth Orduz & Nay Badillo
