Es privilegio de todo cristiano gozar de los profundos impulsos obrados por el Espíritu de Dios. Una paz dulce y celestial invadirá lamente y os gustará meditar en Dios y en el cielo. Os deleitaréis en las gloriosas promesas de su Palabra. Pero estad seguros primero de que habéis empezado el camino cristiano. Cercioraos de que habéis dado los primeros pasos en el camino que lleva a la vida eterna. No os engañéis. Temo, más aún, sé que muchos de vosotros no sabéis lo que es la religión. Habéis sentido cierta excitación, cierta emoción, pero nunca habéis visto el pecado en su enormidad. No habéis sentido vuestra condición arruinada, no os habéis apartado de vuestros malos caminos con amarga pena. Nunca habéis muerto al mundo. Todavía amáis sus placeres; os gusta tener parte en conversaciones sobre asuntos mundanos. Pero cuando se introduce el tema de la verdad de Dios, no tenéis nada que decir. ¿Por qué tanto silencio? ¿Por qué tan conversadores en cuanto a asuntos mundanos y tan silenciosos respecto a un tema que debiera preocuparos en sumo grado, un tema en el cual debería estar empeñada vuestra alma entera? La verdad de Dios no mora en vosotros.—Testimonios para la Iglesia 1:158, 159.
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Sección 4—EL ANDAR EN LA LUZ “Capítulo 34”
Por: Elena G De White
Colaboradores:Liseth Orduz & Nay Badillo
