«El Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad» (Prov. 12:22).
No se puede confiar en nuestro perro.
Davey es un perro rescatado. Cuando pertenecía a su anterior familia, se escapó en una ocasión y salió persiguiendo a una niña; cuando lo rescataron, nadie sabía de dónde había salido así que no sabían quiénes eran sus dueños. Pusieron carteles e hicieron todo lo posible para encontrarlos, pero sin éxito.
Así que nosotros lo rescatamos de la perrera, para darle un nuevo hogar. Hicimos un gran esfuerzo por hacerlo sentir bienvenido. Le hicimos fiesta, lo acariciamos y le dimos comida rica. Pero aprendimos que tenemos que vigilarlo. Si dejamos cualquier comida en el comedor, él espera a que nos hayamos ido de allí, salta sobre la mesa y se da un banquete. Una vez, se comió una barra de mantequilla completa. Así que siempre dejamos a un miembro de la familia de guardia hasta que recogemos la mesa.
Entonces adquirimos la costumbre de dejar la comida en la mesada de la cocina. Luego de que nuestro perro se comió una torta entera, descubrimos que puede saltar desde un banquito hasta la mesa sin apenas ningún esfuerzo. Ahora siempre tenemos que acordarnos de alejar el banquito.
Davey comenzó a ir al departamento de los abuelos, en la planta baja, para robarles la comida. Así que teníamos que mantener cerrada la puerta que da a la escalera.
Nuestro hijo, Reef, todavía tenía muchos peluches en esa época, y cada vez que Davey encontraba uno en la cama o en el piso, le sacaba todo el relleno. Así que teníamos que cerrar la puerta de la habitación de Reef. Luego, el perro comenzó a robar medias del ropero de mi habitación. Ahora teníamos que mantener cerrada la puerta de nuestro dormitorio. Pronto, nuestro amigo peludo solo podía estar en tres habitaciones de la casa. Si hubiésemos podido confiar en él, le habríamos permitido estar en todas partes. Descubrirás que, cuanto más confiable seas, más libertad tendrás.
Y cuanto menos confíen en ti, lo más probable es que te tengan bien controlado. Y eso no es divertido para nadie. Kim
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
