martes , 22 septiembre 2026
Matinal Para Adultos 2020

¿DEBO ENOJARME?

Familia

Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo (Efesios 4:26).

Airaos. Parece que el apóstol Pablo está invitando a los fieles cristianos a que se enojen, aunque sea dentro de unos límites. Este texto lo usaba Esteban para gritarle a su esposa cuando ella hacía algo que a él no le parecía bien. En una ocasión, un amigo cercano le dijo:

—Esteban, no es justo que te enojes así con tu esposa.

A lo que él se apresuró a responder:

—Pues el apóstol Pablo dice a los Efesios: Airaos, pero no pequéis. Así que yo no peco, porque llevo toda la razón en lo que le digo, siendo ella la que me irrita y me provoca.

Hemos de tener cuidado al interpretar este pasaje como si fuera una licencia para usar libremente el enojo. Recordemos que unos versos más adelante, la misma inspiración ofrece una lista de rasgos desechables, entre los que aparecen precisamente el enojo, la ira y la gritería (Efesios 4:31). Tampoco podemos olvidar los múltiples pasajes donde se desaprueba la ira y el enojo (Proverbios 15:18; 17:14; Salmo 37:8; Santiago 1: 20) y los numerosos versículos donde se exaltan las virtudes de los dichos suaves (Proverbios 15: 1, 23; 16:22-23).

La mayoría de los teólogos entiende que esa indignación se refiere al enojo contra el pecado, la injusticia, la inmoralidad, la falsedad… Pablo no recomienda que los creyentes usen la ira contra el cónyuge, el hijo, el vecino, el amigo o el hermano, sino contra el mal, como dijo Agustín e Hipona: Cum dilectione hominum etodio vitiorum («Con amor al hombre y con odio al pecado»).

El enojo es una emoción negativa que conlleva transpiración, elevación de la tensión arterial, aumento del volumen de voz, mirada penetrante, temblores de manos, semblante tenso, uso de palabras insultantes y agresividad verbal o física. Estos signos no son buenos ni para la salud física, ni para la salud moral, ni para el perfeccionamiento de las relaciones interpersonales.

Si tienes tendencia a arrojar el mal humor sobre otros, comienza hoy una reforma. Recuerda que el problema tiene dos vertientes: tú y Dios. Un humor irritable arraigado necesita la intervención divina y has de ponerte en sus manos con fe y con la certeza de que para Dios todo es posible. Además, tienes que poner de tu parte, aprendiendo modos de controlar tus palabras, calmándote a ti mismo, procurando los dichos suaves y las formas amables hasta que lleguen a ser un hábito en ti. Así harás lo que te pide el Señor: abandonar todo enojo y toda ira (Colosenses 3:8).

#MatinalDeAdultos
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2020
«Buena Medicina es el Corazón Alegre»
Por: Julián Melgosa – Laura Fidanza.
Colaboradores:
Ricardo Vela & Adriana Jiménez

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