jueves , 23 abril 2026
Matinal Para Menores 2014

Sin trampa alguna

«Por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios» (Efesios 2: 8, 9).

18Roger hizo su primera visita a la ciudad de Nueva York. Mientras esperaba para cruzar una calle en la famosa Times Square, un vendedor ambulante le tocó en el hombro: «Vendo relojes Rolex originales por quince dólares». El hombre le mostró el brazo lleno de relojes dorados y plateados. A Roger le encandiló el brillo del sol reflejado en ellos y sintió deseos de tener un reloj, así que compró uno. Cuando regresó a casa de su amigo, le mostró su adquisición.

—¡Mira! —le dijo rotando la muñeca de lado a lado—. ¿Te gusta?

—Roger, lamento decirte que ese reloj, o es robado, o es una imitación barata.

—No es falso, mira —le dijo Roger mientras se quitaba el reloj y le mos­traba la marca grabada en la tapa.

Sin embargo, al ver una mancha verdosa en su muñeca, justo en el lugar donde había estado el reloj, Roger frunció el ceño. Rápidamente bajó la manga para cubrir la evidencia dejada por el material barato. Afortunadamente, su amigo estaba muy ocupado examinando el reloj y no se dio cuenta.

—¡Oh no! —dijo repentinamente el amigo de Roger—. ¿Sabías que las agujas de tu Rolex original giran al revés?

Roger le arrancó el reloj de las manos y vio que era así. No solo el reloj había manchado de verde su muñeca, sino que las agujas giraban en sentido contrario.

—Bueno, al menos no es un reloj robado —dijo su amigo para consolar­lo—. ¡Quién podría robar algo así!

Roger aprendió una valiosa lección ese día: en este mundo no podemos obtener nada a cambio de nada. Obtienes justo lo que has pagado o lo que has ganado. Si algo parece demasiado bueno para ser cierto, seguramente lo es. Pregúntate dónde está la trampa. Hay una excepción a esta regla: la vida eter­na, que es gratis. Es un regalo de altísima calidad, pagado con la vida del Hijo de Dios. No hay dinero que pueda comprarlo, ni acción alguna con la que po­damos ganárnoslo. Esto sí parece demasiado bueno para ser verdad, pero vie­ne con una garantía escrita directamente por Dios.

Tomado de:
Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo

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