Concibió vez, y dio luz una hija. Y le dijo Dios:»Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo». 1:6.
Lo-ruhama
Todo era materialismo y disipación en Israel. Dios les enviaba invitaciones al arrepentimiento mediante venerables profetas, pero era en vano. Entonces le dijo a Oseas que tomara a una mujer inmoral y que tuviera «hijos de fornicación» con ella (Oseas 1:2). ¿Por qué Dios le pediría algo así a su profeta?
Siempre que Dios nos pide algo que parece descabellado, es porque quiere ilustrarnos una verdad que no hemos entendido, y porque pretende nuestro bien.
Así que Oseas se casó con Gomer, y ella tuvo dos hijos varones y una niña. Sus nombres fueron asignados por Dios, y cada uno tiene un significado particular.
Lo-ruhama fue la segunda de los hijos de Gomer (Oseas 1:6); y su nombre encierra un mensaje especial para el pueblo de Dios de este tiempo. «Lo» es un prefijo negativo que quiere decir «no» o «sin», y «Ruhama» significa compadecer. Así que Lo-ruhama es «la no compadecida», «la no amada» (Romanos 9:25); «la que no recibirá misericordia» (Oseas 1:7). Así ocurriría con el Israel apóstata en los días de la invasión asiria.
En 722 a. C., Israel fue abandonado a merced de sus enemigos porque rechazó a su Dios. No hay registros de que las diez tribus del norte de Israel hayan regresado a su tierra, por lo que se les llama las tribus perdidas. El nombre Lo-ruhama se aplica bien a ellas: «No compadecida».
Varios siglos después, junto al pozo de Jacob, Jesús se encontró con una mujer mestiza, mezcla de israelita y asiria, le ofreció el agua de vida y ella bebió con avidez. Esa mujer, de quien nadie tenía compasión porque había buscado la felicidad en seis hombres, encontró en Jesús la aceptación, la liberación de sus miedos y sus culpas, y recibió la paz de Dios.
Hoy también hay muchas mujeres que viven sin amor. Aun rodeadas de gente, se sienten solas. Pero Cristo anhela estar a su lado, no importa su pasado, porque Dios no nos da lo que merecemos, sino lo que necesitamos. ¡Gloria a Dios porque la salvación es por gracia!
Si alguna vez te has sentido como Lo-ruhama, recuerda que Jesús restaura todas las cosas (ver Eclesiastés 3:15).-— Lourdes Ivette Rodríguez— Chazarreta
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2019
“Hijas del Rey”
Por: Diana de Aguirre
Colaboradores: Norma Salinas & Paty Solares
