viernes , 26 junio 2026
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Matinal Para Jóvenes 2019

CONVERSIÓN III             

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. Gálatas 2:20.

Saulo no sabía ni quería saber de las «herejías» que Cristo predicó. Pero un día, cuando se dirigía a Damasco para encarcelar a los cristianos, se le apareció Jesús y le echó en cara su maligno proceder. Echado en el suelo, trémulo y ciego, Saulo solo atinó a preguntar: «¿Qué quieres que yo haga?» (Hech. 9:6). Jesús le dijo que entrara en Damasco. «Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista» (vers. 10-12). Como Ananías tuvo miedo, Dios agregó: «Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel» (vers. 15).

Ananías obedeció, Saulo fue curado de su ceguera y bautizado, y salió a predicar el mensaje que había perseguido. Desde entonces, cada día de su vida, Saulo Paulo le hizo la misma pregunta al Hombre-Dios que lo tumbó del caballo y del pedestal del orgullo: «¿Qué quieres que yo haga?». Y fue por la ruta de la vida esparciendo el evangelio, menospreciando la espada, la burla y el azote, prendado de una esperanza: la de ver el rostro de su Redentor en gloria y majestad, aunque le costara la cabeza. Y le costó. Un día Nerón ordenó su ejecución. Ese día el mundo perdió al más grande maestro después de Cristo, y los ángeles guardaron silencio.

Pero la historia no termina así. Un día Cristo vendrá. Entonces conoceremos al escritor más prolífico del Nuevo Testamento, al mayor evangelista y erudito de la fe cristiana, al fariseo que se confesó el mayor de todos los pecadores, al cristiano que vivió la esencia de esta religión: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (Gál. 2:20).

Dios quiere concederte hoy la misma bendición que transformó al perseguidor de Cristo en el predicador más ferviente: el bautismo del Espíritu Santo. Pídelo, y sé feliz.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2019
«Volando Alto»
Por: Alfredo Campechano
Colaboradores: Abiur Juárez & Nay Badillo

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