<<Porque Dios, que manda que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucrito>> 2 Corintios 4: 6

MI QUERIDO ESPOSO: ESTE ES le último día de reuniones, con excepción de la despedida de mañana por la mañana. […] He tenido que hablar todas las noches. […]
Hay aquí una pareja de escoceses de Indianápolis, de apellido Cooley. El cuñado del hermano Cooley es el hermano Fulton, quien vive en Hutchinson. Cooley vino de Nueva Escocia y era un fiel presbiteriano, y un hombre de recursos. Su esposa abrazo la verdad pero debió enfrentar la gran oposición de su marido, quien era de firmes convicciones y no estaba dispuesto a ceder ni en un ápice. Para complacer a su esposa, vino con ella a este congreso anual. Dijo que lo hacía solo para complacerla, pero que nunca, nunca abandonaría sus creencias.
Después de hablar en la reunión de recepción del sábado, pedí que los que sentían pecadores pasaran a los asientos delanteros; él estaba entre ellos. Aproximadamente otros cuarenta pasaron adelante. Fue por la bendición del Señor que las palabras de esa noche lo convencieron tan profundamente que no puedo librarse de ellas. Fue a su carpa y le pidió a su esposa que orara por él. El viejo cedro, alto y firme, comenzaba a doblegarse.
El domingo por la mañana, antes del desayuno, hablé durante una hora acerca de la obra en la costa del Pacífico. Nuevamente él se sintió profundamente conmovido. El domingo por la noche habla otra vez con gran libertad. Volvió a su carpa sintiendo profunda convicción, y temblando bajo la más terrible carga que alguna vez hubiera llevado sobre sí. Nuevamente pidió a su esposa, a la cual se había opuesto fuertemente, que orara por él. Esta mañana les unas treinta y cinco páginas e hice una apelación profunda y conmovedora al pueblo de Dios en relación con el egoísmo y el sistema del diezmo. Èl se sintió conmovido. Después que termine de hablar, tuvimos una reunión de la Asociación que se alarga hasta el mediodía.
El hermano Cooley se levanta y habla. Repitió lo que había dicho a su esposa, y dijo que se sentía muy triste porque había sido un opositor tan duro y cruel. Tan pronto como termina de hablar, por primera vez me dirigí a él directamente, animándolo a pesar al frente. Finalmente se sentó junto a su esposa pidiendo el bautismo. Parece pensar que soy su madre, por su profundo cariño, peculiar de los escoceses, ya que mis palabras lo convencieron de su error y lo llevaron a decidirse a pertenecer a nuestro pueblo. […]
Indudablemente el Señor obra en esta reunión. […] Debo tomar el tren dentro de quince minutos. Pensé que estarías ansioso por tener noticias mías y por eso envío esta carta sin haberla terminado. [Firmado] Tu Elena.- Carta 37, 29 de junio de 1874, dirigida a Jaime White, quien estaba estableciendo la Pacific Press Publishing Association.
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
