«Aun de entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán falsedades para arrastrar a los discípulos que los sigan. Así que estén alerta. Recuerden que […] no he dejado de amonestar con lágrimas a cada uno en particular. Ahomlos encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, mensaje que tiene Poder Para edificarlos y darles herencia entre todos los santificadoo». Hechos 20: 30-32, NVIN
QUÉ REALMENTE la santificación? Leamos el capítulo 31 del libro del Éxodo. En él veremos en qué consiste la genuina santificación, porque Dios mismo la ha definido. El Señor Jesús había dado indicaciones muy concretas para la construcción del tabernáculo. Como los hijos de Israel fueron obligados a trabajar en sábado, el carácter sagrado de ese día no se había preservado. Siendo esclavos en Egipto habían perdido en gran medida el conocimiento de la santidad del día de reposo. Esta es la razón por la que los mandamientos de Dios fueron dados en medio de una temible grandeza sobre el monte Sinaí. El Señor quería preservar el sábado en particular, y sabía que el pueblo olvidaría el mandamiento del sábado y que en su celo los propios artesanos dirían: «Esta obra es del Señor, y está bajo su supervisión; por lo tanto podemos realizar su obra sin reposar el sábado». Por eso el séptimo día fue distinguido como memorial de Dios, que ordenó: «En verdad vosotros guardaréis mis sábados, […] para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico» (Éxo. 31: 13). He ahí la verdadera santificación. […]
Ahora bien, la obra de la santificación ha de ser profunda y afianzarse en la vida y el carácter. Hay quienes han pensado que fácilmente podrían persuadir a un pecador a abandonar sus ídolos, a guardar los mandamientos de Dios, a creer que Jesús vendrá pronto en las nubes de los cielos. Cuando no logran despertar el interés ni el deseo de escudriñar las Escrituras para ver si estas cosas son la verdad; cuando no ven que la convicción se posesiona de las mentes de aquellos que violan la ley de Dios; cuando son frecuentemente confrontados con excusas baladíes, con indiferencia o dura oposición, y con el ridículo; cuando sus oyentes se apartan arrojando oprobio sobre la santa ley de Dios, se desaniman. Donde esperaban éxito, son derrotados.
No tienen sufrida perseverancia ni fe inalterable. iCuántas lecciones tendrán que aprender los que son jóvenes en la fe en la labor de ganar almas para Cristo! Algunos aprenderán de las derrotas y el fracaso las lecciones que no hubieran obtenido de otro modo. No obstante, para muchos, unos pocos rechazos tienen una influencia tan desalentadora que la chispa de la gracia casi llega a extinguirse en ellos. Piensan que no merece tanto esfuerzo la salvación de las almas y dejan de brillar como luces en el mundo. Muere en ellos la idea de apartar a la gente de los errores de sus caminos, el sentido de obligación de impartir a otros la preciosa luz de la verdad, y no hacen nada.
Estas dificultades, la oposición, los chascos y el desánimo deben ser enfrentados otra vez con toda determinación e intensidad, y hemos de ser firmes como una roca a los principios. Si somos cristianos, debemos ser como Cristo, debemos reflejar la luz.—Carta 19 a, 20 de abril de 1874, dirigida a William C. White.
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
