«Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todas, en especial a los de la familia de la fe». Gálatas 6: 9-10, NTV
TODAS NUESTRAS BENDICIONES, tanto temporales como espirituales, provienen de Dios. El dinero que poseemos es del Señor, él nos lo ha prestado a fin de promover su causa en la tierra. Nadie debiera permitirse retener los bienes del Señor.
Aquellos que hayan hecho promesas para favorecer el avance de la obra de Dios no pueden incumplir sus votos ni retener lo que hayan prometido. Quienes asumen la responsabilidad de anular una promesa que ha sido hecha a Dios están haciendo algo de lo cual no querrán dar cuenta en el día del juicio final. Debiera rechazarse el asesoramiento de los que en este tiempo aconsejan retener los medios de la causa de Dios para invertirlos en otros proyectos, porque el Señor les dice: «Acumulen tesoros en el cielo» (Mat. 6: 20, RVC). «Inviertan sus medios para hacer avanzar mi obra para penetrar en nuevos territorios, de tal forma que la luz de la verdad presente pueda brillar en todo el mundo».
El don de Dios para toda la humanidad ha sido inconmensurable. «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3: 16). El Señor dio su vida por el mundo a fin de que todos nosotros disponga amos del ejemplo perfecto. Dejando a un lado su manto real y su corona regia, vino a la tierra como hombre. Fue tentado en todas las cosas como el ser humano es tentado, pero ni una sola vez dejó de seguir el sendero que había escogido. Fue guardado por el poder de Dios, sostenido por aquel que será el ayudador de todos los que lo aman y guardan sus mandamientos.
Cristo vivió la vida sencilla de un hijo de padres de condición humilde, y así llegó a familiarizarse desde la infancia con la vida de los pobres. Durante su ministerio, cuando le traían niños para que los bendijera, pensaba en su propia madre, y honraba a las madres de esos niños bendiciéndolas a ellas y también a sus hijitos. Cristo vivió una vida de humildad y pobreza; de manera que, desde la niñez hasta la adultez, pudo dejar a todos un ejemplo de lo que significa la vida para cada miembro de la familia humana.
Todos los que han llegado a ser hijos de Dios deben hacer cuanto esté en sus manos para buscar y salvar la oveja perdida. Hemos de utilizar todo medio posible para llevar a los pecadores las Sagradas Escrituras que nos presentan la gracia salvadora de Cristo. Los creyentes en la verdad hemos de tener siempre presente el sacrificio que él hizo al tomar sobre sí la humanidad a fin de ser ejemplo para todos. — Carta 104, 19 de marzo de 1907, dirigida «A los que entregan grandes donativos para la causa de la verdad presente».
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
