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«Por que tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste» Salmo 86:17
Habíamos ido al mercado de Juliaca a hacer las compras. Entre el bullicio y la gente, mi hijo Jimmy, de tres años, desapareció. Por primera vez sentí la desesperación de perder un hijo. Clamé al Señor angustiada, y por su misericordia pude encontrarlo en los brazos de una señora que nos había visto ingresar al mercado.
Con el tiempo, fuimos de visita a Cochabamba, Bolivia, donde vivía una de mis hermanas. Al salir de compras, por segunda vez perdí a mi hijo. Esta vez el ya sabía que no debía moverse del lugar donde estaba, pues yo iría a buscarlo donde estuviera. La angustia que se siente en momentos como éste es indescriptible y solo Dios nos da la fuerza para sobrellevarla. Yo no entendía por qué Dios permitía que pasara por pruebas como ésta. No sabía que Dios me estaba preparando.
Aún faltaba la prueba más dura. Jimmy tenía vocación por la música. Tocar el piano era su deleite. Cuando concluyó sus estudios de contabilidad viajamos en familia a Estados Unidos para dejarlo en la casa de unos amigos, pues había decidido perfeccionarse en música. La separación fue terrible, pero Dios nos fortaleció. Mientras trabajaba, avanzaba en sus estudios y le gustaba mucho ayudar en la iglesia.
En la medianoche del 23 de marzo de 2005 cuando sonó el teléfono. Mi corazon se angustiói y presentí que algo malo sucedía. El pastor Melchor Ferreyra me dijo que venía a mi casa con su esposa, y cuando llegó nos dio la triste noticia: nuestro hijo había muerto. Iba a dar un recital de música en las conferencias de Semana Santa, pero la muerte lo sorprendió en un accidente.
Llorando le dije a Dios: «Señor, no te voy a reclamar nada, tú nunca te equivocas y si lo permitieste, aunque no lo entienda, confío en ti; eres el único que me dará las fuerzas para sobrellevar este dolor, porque voy a desfallecer». Dios me consoló, su amor hizo la gran diferencia, y llegué a entender que la muerte había perservado a mi hijo para la vida eterna.
Querida amiga, si perdiste a tu esposo, a un hijo, a una hija, o enfrentas tormentas que parecen ahogarte, recuerda que Dios tiene el control y nunca permitirá que pases por una prueba queno puedas soportar.
Hilda Sánchez de Durand, Perú
Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen
