martes , 27 octubre 2026
Matinal Para Adultos 2019

Oración audaz

Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón. Josué 10:12.

¡Qué oración atrevida! Por lo menos, así pensaba un teólogo que escribió acerca de ese fenómeno: «En términos de la ciencia moderna y la teología moderna, es tan imposible que Dios obedezca a un hombre como que el Sol permanezca inmóvil» (Nueva Enciclopedia Católica, 1967, t. XIII, p. 795). ¿Pudo haber acontecido este fenómeno astronómico?

El verbo que se vierte al español por «detente» tiene varias acepciones; entre ellas, «guardar silencio» y «no te muevas», de acuerdo a cómo se lo aplique. Puesto que esta orden se dirige al Sol y a la Luna, cuyos «sonidos» no podemos escuchar desde la Tierra, naturalmente tiene el segundo sentido. Lo cierto es que el autor inspirado habla de un fenómeno astronómico con lenguaje cotidiano. Obviamente, no está haciendo una declaración científica. Simplemente, dice que «el sol se detuvo» (Jos. 10:13). Esto significa que describe el fenómeno, pero no lo explica. Cómo se «detuvo» el Sol, no lo sabemos. La Biblia no explica científicamente cómo Dios creó el mundo. Simplemente, dice que lo creó. «¿Conoces tú las leyes que gobiernan el cielo?» (Job 38:33, DHH). La respuesta es ¡No! ¿Pudo haber sido un fenómeno de refracción de la luz? No lo sabemos. Quizá la ciencia alguna vez pueda explicarlo. Lo que sabemos es que nunca más ocurrió. Si hubiera habido un ataque cardíaco solo una vez hace varios miles de años, ¿no parecería tan increíble a los fisiólogos modernos ese síncope, como que el Sol se detenga para los científicos de hoy?

De la oración de Josué aprendemos que el expediente de nuestras oraciones se convierte en el libreto de nuestra vida. El modo en que oras y por  IO que oras determinarán las cosas que verás en tu vida. Si oras con fe, puede ocurrir un milagro. Además, aprendemos que la medida de nuestras oraciones determina la medida del Dios al que adoramos. Nada es más difícil, y a su vez más fecundo, que la transformación de un corazón. Pero, para Dios «nada es  imposible» (Luc. 1:37).

¡Prueba a Dios! Si oras por alguien, y Dios transforma su corazón, ¿dudarás de ese milagro?

Oración: Señor, haz el milagro de cambiar mi corazón.

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#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2019
«Las Oraciones más Poderosas de la Biblia»
Por: Ricardo Bentacur.

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