«Jesús subió a la barca y se fue con sus discípulos. Todavía estaban navegando cuando se desató una tormenta tan fuerte que las olas se metían en la barca. Mientras tanto, Jesús dormía». Mateo 8: 23, 24, TLA
ESTA HISTORIA relata los efectos de la naturaleza durante un viaje normal de trabajo, pero se concentra sobre todo en la autoridad de Jesús. Cristo tiene autoridad sobre la lepra, la parálisis, la fiebre, la posesión demoniaca y las fuerzas de la naturaleza; solo el Señor tiene poder total sobre su creación, por eso los vientos y el mar le obedecen. Aunque las olas son bravas y los vientos tempestuosos, a la orden de Dios se calman volviéndose apacibles. «Jehová marcha sobre la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies» (Nahúm 1: 3).
Nuestra vida es una travesía por el mar del mundo. ¡Cuántos problemas y sinsabores! Tenemos que enfrentarnos a tantas situaciones adversas que nos sentimos impulsados a abandonar los proyectos, y nuestra fe y amor por Dios se debilita. Marcos menciona que, de noche, una vez despedida la multitud que había ido a seguirlos, comenzaron a cruzar el mar de Galilea y la tempestad se produjo (Marcos 4: 35, 36). Es durante la noche cuando nos abruman los problemas semejantes a la gran tempestad; durante la noche espiritual, nos sentimos derrotados, abatidos y aplastados. El agua comienza a entrar en nuestra barca y comenzamos a hundirnos, sin embargo, Jesús se levanta para auxiliarnos, animarnos, deshacer las tinieblas de nuestro camino, y nos pregunta: ¿Por qué están amedrentados? ¿Acaso no tienen fe? Con la fe en Jesús hacemos frente a la tormenta y llega la calma, la paz: «Ninguna tormenta ni tempestad puede conmover a aquellos cuyos pies están afirmados sobre los principios de verdad eterna. Podrán resistir en este tiempo de apostasía casi universal» (Maranata, el Señor viene, p. 213).
Cristo mostró que en el viaje por el océano de este mundo hay tormentas. Seguir a Jesús no es siempre fácil ni cómodo, pero debemos clamar: «Señor, sálvanos, que perecemos» (Mateo 8:25). Allí estará Jesús, en la misma barca que nosotros, para calmar la tempestad. Cristo está más cerca de lo que pensamos, así que avivemos nuestra fe sabiendo que, tras la tormenta, llegaremos a las tranquilas playas de la eternidad.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
