«Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?»_Jeremías 12:5_
Ese joven sentía que la vida había sido injusta con él. «¿Por qué otros tienen oportunidades y yo no?», se preguntaba, queriendo, inconscientemente, justificar su indolencia. Alguien le consiguió un empleo como cadete. Duró una semana; lo dejó porque «era mucho trabajo para ganar muy poco». Le ofrecieron un puesto de mecanógrafo, pero no sabía escribir a máquina. Entonces, los padres le pagaron un curso de mecanografía, que en pocos días abandonó porque «no vale la pena aprender a escribir a maquina si el salario es tan pequeño».¿Conoces a alguien parecido? Entonces medita en la pregunta que presenta el versículo de hoy. «Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos?» El Señor nos está hablando de la administración correcta de las pequeñas responsabilidades, útil como una preparación para las responsabilidades mayores. Si sucumbimos ante las pequeñas tareas, si no somos capaces de realizar un trabajo de cadete, ¿por qué soñamos con llegar a ser el gerente?
En la segunda parte del texto, Jeremías dice: «Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?»
Los comentaristas dicen que a orillas del río Jordán, junto a los enormes árboles había matorrales habitados por leones y otros animales salvajes. Podemos deducir de esto una lección espiritual: si en los tiempos de paz no seguimos fieles a los principios divinos, tampoco seremos fieles cuando lleguen los tiempos difíciles.
Por lo general, cuando se habla de la conservación de la juventud en la iglesia, de inmediato pensamos en actividades recreativas: tenemos que programar algo para el sábado en la noche porque si no nuestra juventud hará lo que no debe. ¡Cuánto error detrás de una buena intención! Claro que tenemos que tener actividades recreativas para los jóvenes los sábados de noche, pero no por miedo a perderlos, sino porque merecen tener un compañerismo agradable, en un ambiente donde se sientan bien por causa de sus principios. Las actividades recreativas *nunca* pueden ser el «caramelo» que le damos a un niño para que no haga cosas equivocadas. *Tenemos que enseñar a nuestra juventud que la fidelidad a Dios no depende de las actividades recreativas.*
A veces me pregunto si la juventud, en estos tiempos de libertad, hace cosas malas los sábados de noche «porque en la iglesia no hay ninguna actividad social». ¿Qué será entonces cuando lleguen los tiempos difíciles y no podamos reunirnos para celebrar el culto en el templo? «Si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?»
Que Dios nos ayude a entender que *Jesús es el único capaz* de conservar a nuestra juventud firme hasta el fin.
_Por Alejandro Bullón_
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