viernes , 11 septiembre 2026
Inicio Matinal Para Jóvenes 2018 «La patada salvadora» —Segunda parte—
Matinal Para Jóvenes 2018

«La patada salvadora» —Segunda parte—

«Amo al Señor porque ha escuchado mis súplicas, porque me ha prestado atención. ¡Toda mi vida lo invocaré!». Salmo 116: 1-2

AUNQUE DESDE UN PRINCIPIO la espada del cáncer se mantuvo colgando sobre mi cabeza, mi esposa y yo vimos cómo Dios actuó en mi favor. Los estudios descartaron la posibilidad de cáncer. La masa en el riñón era un simple quiste, pero todavía los médicos se mostraban sospechosos respecto a la masa en la ingle. ¿Que podría ser?

Fuimos a ver a un médico cirujano que había interpretado una tomografía y que pensaba que no era un tumor lo que tenía ahí. Durante el examen físico descubrió que tenía una pequeña hernia y programó una cirugía menor, por laparoscopia, para el martes siguiente y de paso realizaría una exploración para determinar qué era la masa misteriosa que tenía en la ingle.

Mi esposa y yo oramos e hicimos los arreglos para la cirugía. Mi esposa, al ser enfermera y al trabajar en el centro médico en el que se realizaría el procedimiento, pidió estar presente. Al iniciar el procedimiento se dieron cuenta de que la «masa» tenía prioridad ante la hernia, pues se trataba de un plastrón apendicular. Los médicos y mi esposa estaban sorprendidos y también estaban agradecidos de que no era un tumor. Sin embargo, la sorpresa sería aun mayor.

Mientras se estaba llevando a cabo la cirugía, el cirujano principal descubrió que la apéndice se había reventado unos dos o tres meses antes de la cirugía. Esto fue un impacto para todos, porque no había tenido ningún síntoma hasta que Keyra me había pateado. En algún momento, en medio del trajín de la vida, el apéndice había reventado, pero Dios, de manera milagrosa, había contenido toda la contaminación que implica esta situación. Por lo general, cuando el apéndice explota, la persona muere unas 72 horas más tarde, producto de la contaminación. A esto se le conoce como muerte por septicemia.

Cuando salí del quirófano, tres horas y media más tarde, mi esposa me contó lo sucedido. Al principio no comprendía lo que me decía. Al investigar, llegué a comprender cuán grande había sido la misericordia y el amor de Dios en mi favor. Aquella experiencia cambió mi vida, ya no soy la misma persona, no solo porque ya no tengo apéndice, sino porque experimenté de primera mano la protección divina por medio de «la patada salvadora».

Luis M Acevedo

República Dominicana

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2018
“365 vivencias de jóvenes como tu

Por: Al Richard Powel, Jorge L. Rodríguez

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