«Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento»._1 Timoteo 6: 6_

En el capítulo 6 de la primera epístola a Timoteo, el apóstol habla de la insensatez humana al creer que el dinero es capaz de dar sentido a todo.
En el versículo 6 presenta la ganancia real que el Evangelio produce en la vida de los amigos de Jesús. «Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento»
Vivir satisfecho es uno de los frutos que el Espíritu Santo produce en la vida de los cristianos. «Vivir satisfecho» no en el sentido de la mediocridad o la incapacidad de mirar o soñar algo, o de intentar subir cada día nuevas montañas, sino en el sentido de la satisfacción de aceptar la voluntad de Dios para nuestra vida sin desesperarnos.
A lo largo del día descubriremos muchas veces que el «estar contento» será puesto a prueba duramente. Es muy fácil «estar contento» cuando toda la familia goza de buena salud, cuando tenemos un buen empleo, una buena cuenta bancaria, y nuestros planes van saliendo conforme a nuestras expectativas. Pero es diferente estar satisfechos cuando soplan vientos contrarios y nuestra embarcación parece que va a naufragar.
¿De dónde nace «el contentamiento» de los amigos de Jesús? De su compañerismo con Él, de su comunión diaria con el Salvador. Lo conocen, y por eso saben que pueden confiar en Él, que Él no fallará, aunque parezca que la tormenta va a destruir todo.
Un día visité a un buen siervo de Dios, cuya vida es una inspiración. Su actitud ante la enfermedad me confirmó la verdad del texto de hoy. «Conozco a mi Dios», dijo él, «y estoy contento y confiado en sus manos». En medio del dolor disfrutaba del verdadero «contentamiento del evangelio»: la paz que sólo pueden experimentar los que aprendieron a vivir satisfechos en las manos de Dios.
Una vez, por ahí, encontré en la pared de un consultorio dental una oración que copié en un pedazo de papel y que armoniza con el mensaje de hoy:
«Te traigo ahora, Señor, la carga de un día que terminó. La traigo envuelta en mis pensamientos, atada con mis actos, almacenada entre los propósitos por los cuales vivo. Mientras la tarde muere y busco tu rostro en oración, dame el gozo de los buenos amigos, el poder curativo de las buenas expectativas y la paz de un corazón tranquilo. Dame la luz, ahora que las tinieblas llegan. Luz para ver los errores y los aciertos del trabajo hecho. Concédeme, Señor, la gracia de sentirme satisfecho con lo que me diste y dame una vez más el toque curativo del sueño. Amén».
Por Alejandro Bullón
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“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón
