<<«Porque esto me ser como en los días de Noe, cuando juro que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra. Asimismo he jurado que no me enojar contra ti ni te reñirá. Porque los montes se moverán y los collados, temblaron, pero no se apartará de ti mi misericordia ni el pacto de mi paz se romperá» dice Jehová, el que tiene misericordia de ti>>. Isaías 54: 9, 10

EN EL CAPÍTULO 4 del Apocalipsis encontramos una visión del trono de Dios. Juan veía a alguien sentado en el trono, cuya apariencia era semejante a una piedra de jaspe y de coralina, y alrededor del trono <<un arco iris semejante en su apariencia a la esmeralda>> (ver. 3).
¿Recuerdas cuando fue la primera vez que apareció un arco iris? Fue después del diluvio. El Sol brillaba en el fondo, y una lluvia fina capa sobre la tierra vencida por la fuerza de un nuevo día. La naturaleza creo las condiciones propicias para el fenómeno del prisma y pinta un cuadro de impresionante belleza. Dios estaba anunciándole al mundo que nunca más seria destruido con agua.
En el versículo de hoy, Dios llama al arco iris <<el pacto de mi paz>>, y promete que no se enojara más contra Judá.
Es reconfortante saber que en la vision del trono de <Dios estaba anunciándole al mundo que nunca más seria destruido con agua.
En el versículo de hoy, Dios llama al arco iris <<el pacto de mi paz>>, y promete que no se enojara más contra Judá.
Es reconfortante saber que en la vision del trono de Dios, el arco iris, que el pacto de su paz, está presente en forma destacada. Su carácter, su santidad, la obediencia fiel a los principios de su ley eterna, simbolizados en el Sol de su justicia, brillan on fuer<a y poder. era la fina lluvia de sus lágrimas que simbolizan su amor, su misericordia y la infinita paciencia con que espera al ser humano se mezclan al primero de manera tan armoniosa que dan origen no solo a uno, sino a dos de los espectáculos naturales más hermosos del universo. Sin embargo, el mensaje más maravilloso es: Dios ama a la raza humana y hará todo or salvarla.
Cuando era pequeño me decían que nunca debía señalar un arco iris con el dedo, porque este podía caer.
Pero crecí. y la tradición propia de u pueblo simple se transforma, a la luz de la palabra de Dios, en la bella esperanza del perdón y de salvación en Cristo.
Cuando veo un arco iris, me emociono. Al contemplar la belleza de echo fenómeno natural, aprendí a leer entre líneas la historia más linda de amor por una raza cada, condenada a muerte eterna, y un Dios maravilloso que envío a su Hijo para morir y salvarla para siempre.
Cuando el enemigo te traiga a la mente tus pecados pasados, cuando intente atormentarte con el peso de la culpa, muéstrale el arco iris sobre el trono de Dios. Dile que en verdad no eres más que un pobre pecador, pero que no estás perdido porque Jesús murió por tí, y que confías en su sacrificio y su vida de obediencia. En sus brazos puedes esconderte, en su gracia puedes encontrar paz y poder para continuar la larga caminata de la vida cristiana.
DevocionalVespertino