«Alégrate mucho, hija de Sion! iDa voces de júbilo, hija deJerusalén! Mira que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna». Zacarías 9: 9
CUANDO JESÚS ENTRÓ TRIUNFALMENTE EN JERUSALÉN, SuS discípulos creían que estaba a punto de restaurar el trono de David y de libertar a Israel de sus opresores. Llenos de esperanza y de gozo anticipado rivalizaban unos con otros en tributar honores a su Rey. Muchos tendían sus túnicas como alfombra en su camino, y esparcían ante él grandes palmas. En su gozo y entusiasmo unían sus voces a la alegre aclamación: «iHosana al Hijo de David!» (Mat. 21: 9). — El conflicto de los siglos, cap. 23, pp. 400401. A medida que avanzaba, la multitud aumentaba continuamente con aquellos que se habían enterado de la llegada de Jesús y se apresuraban a unirse al jubiloso cortejo. Los curiosos se iban mezclando con la muchedumbre, y preguntaban: «¿Quién es este? ¿Qué significa toda esta conmoción. ». Esas voces son acalladas por un clamor de triunfo. Es muchas veces repetido con entusiasmo por la muchedumbre; es recogido por el pueblo a gran distancia, y repercute en las colinas y los valles circunvecinos. Y ahora ese singular cortejo es engrosada por las muchedumbres de Jerusalén. De las multitudes reunidas para asistir a la Pascua, miles salen para dar la bienvenida a Jesús. Lo saludan agitando palmas y prorrumpiendo en jubilosos cánticos. — El Deseado de todas las gentes, Cap. 63. Pag 539.
¡Hosana al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas! Mateo 21: 9
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“Una Religion Radiante”
Por: Elena G. de White
