«Sobre toda cosa que guardes, guarda tu corazón, porque de él mana la vida. Aparta dc ti la pcnersidad de la boca, aleja de ti la iniquidad de los labios». Proverbios 4: 23-24
EL SEÑOR NOS ACONSEJA POR MEDIO del sabio Salomón a guardar nuestro corazón (o nuestra mente). El verbo «guardar» hace referencia al cuidado que deberíamos tener de que en nuestro interior no florezcan malos pensamientos como la malicia, la envidia, el orgullo, el odio, o las rencillas; además de otros sentimientos y pensamientos negativos.
Los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos [… ] no se lavan las manos antes de comer?» (Mateo 15: 2, TLA). El Maestro les respondió: «Lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre, porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias (vers. 18-19).
El comportamiento es una muestra de la manera en que se ha alimentado el corazón; es decir, la conducta refleja, como un espejo, lo que hay dentro de nosotros. La Biblia declara: «El pecado de Judá está escrito con cincel de hierro y con punta de diamante; está esculpido en la tabla de su corazón» (Jeremías 17: 1).
Mediante el poder de Dios, necesitamos una conversión genuina, un cambio de corazón. «Si te conviertes, yo te restauraré y estarás delante de mí» (Jeremías 15: 19). Él desea cambiar nuestro corazón de piedra por uno de carne. Moisés nos asegura: «Circuncidará Jehová, tu Dios, tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas» (Deuteronomio 30:6). Entonces, cuando el corazón ha sido transformado por el poder de Dios, como dice Elena G. de White:
«La verdad está escrita allí. El hombre es transformado a la imagen de Cristo. Un mundano puede acercarse y no advertir el cambio, pero los que han tenido comunión con Cristo discernirán su expresión en las palabras y el espíritu. La influencia de Cristo en el corazón se percibirá en una amabilidad habitual, en un amor más que humanp. La dulce paz del cielo estará en el alma y se revelará en los semblantes» (Alza tus ojos,
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Pidamos hoy a Dios que convierta nuestro corazón para vivir en el ambiente celestial, en presencia de un Dios santo y sublime, a fin de que testifiquemos con éxito, y seamos un instrumento en sus manos. Así, estaremos listos cuando Cristo vuelva a buscarnos.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez

