«Canten al Señor, porque ha hecho algo grandioso que debe conocerse en toda la tierra. Den gritos de alegría, habitantes de Sión, porque el Dios Santo de Israel está en medio de ustedes con toda su grandeza». Isaías 12: 5-6, DHH
CUANDO LA LUZ DE CRISTO brille en el corazón, los labios pronunciarán alabanzas y agradecimiento a Dios. — El discurso maestro de Jesucristo, cap. 4, pp. 127-128. No se obtienen a hurtadillas ni se gozan en secreto los dones que el evangelio ofrece. «Ustedes son mis testigos—afirma el Señor — , y yo soy Dios» (Isa. 43: 12, NVI). Nuestra confesión de su fidelidad es el factor escogido por el cielo para revelar a Cristo al mundo. — El ministerio de curación, cap. 6, p. 56. Las bendiciones que a diario recibimos de la mano de Dios, y sobre todo, la muerte de Jesús para poner la felicidad y el cielo a nuestro alcance, deben ser objeto de constante gratitud. iQué compasión, qué amor sin par nos ha manifestado Dios a nosotros, perdidos pecadores, al unirnos a él para que seamos su «tesoro especial»! iQué sacrificio ha hecho nuestro Redentor para que podamos ser llamados hijos de Dios! Hemos de alabar a Dios por la bendita esperanza que nos ofrece en el gran plan de redención; tenemos que alabarlo por la herencia celestial y por sus ricas promesas; alabémoslo porque Jesús vive para interceder por nosotros. — Patriarcas y profetas, cap. 25, pp. 259-260. Teniendo […] tan gloriosa esperanza por la redención que Cristo consiguió para nosotros con su propia sangre, ¿callaremos? ¿No alabaremos a Dios con voz fuerte, como 10 hicieron los discípulos cuando Jesús cabalgó entrando en Jerusalén? ¿No es nuestra perspectiva mucho más gloriosa que la de ellos? ¿Quién se atreve a impedirnos que glorifiquemos a Dios a gran voz, cuando tenemos esta sublime esperanza de gloria inmortal?
«Si ahora ustedes Prestan oído a mi voz, y cumplen mi pacto, serán mi tesoro especial por encima de todos los pueblos». «Dijo entonces el Señor: «Ellos serán para mí un tesoro muy especial. Cuando llegue el día en que yo actúe, los Perdonaré, como perdona un padre al hijo que le sine»». Exod019: 5, RVC; Malaquías 3: 1 7, RV
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“Una Religion Radiante”
Por: Elena G. de White
