martes , 22 septiembre 2026
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Matinal Para Damas 2018

MOSTRAR COMPASION SIN PENSARLO DOS VECES

 

Pero un samaritano que iba de viaje llegó donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él» (Luc. 10:33),       

 

A mi esposo Ric, y a mi nos encanta viajar. Hemos tenido la oportunidad de visitar muchos países, desde Estados Unidos hasta Asia. Uno de los viajes más significativos que hicimos fue unas vacaciones en Londres con mis padres. Como no conocíamos Londres, estábamos ansiosos por ver tanto como nos lo permitiera el tiempo. Planifiqué un itinerario moderadamente activo, concentrándonos en una atracción por día. Comenzó la mañana que llegamos a Londres, cuando subimos muy entusiasmados a un autobús rojo de dos pisos para hacer un recorrido por la ciudad. Un día, visitamos lugares emblemáticos, como la Torre de Londres, y nos maravillamos ante la arquitectura del Parlamento, con su famoso Big Ben. Otros días, paseamos por los misteriosos monolitos de Stonehenge y el antiguo templo romano de Bath. Cada tarde revivíamos lo que habíamos visto, mientras disfrutábamos de un almuerzo tranquilo o de una rápida cena antes de volver al hotel.

Una tarde, cuando salíamos de un restaurante muy cercano a nuestro hotel, vimos un joven muy desaliñado sentado en la vereda, pidiendo dinero a los que pasábamos. La mayoría de las personas, que pudieron haber pensado que se veía lo suficientemente saludable como para trabajar, especulaban sobre las circunstancias que lo habían llevado a aquella situación. Sin embargo, mi esposo se detuvo y le dio el sándwich que estaba llevando para cenar. Las exclamaciones de agradecimiento nos siguieron por la calle. Esperaba ver al mendigo dejar de lado el sándwich y seguir pidiendo dinero, pero cuando me di vuelta lo vi devorando ávidamente el sándwich allí, donde estaba sentado.

Como el samaritano compasivo de Lucas 10, mi esposo había visto al hombre como una persona, no como un mendigo, y había usado lo que tenía en el momento para suplir la necesidad inmediata de otro ser humano. Nunca conoceremos las circunstancias que llevaron a ese joven a una situación tan desesperada. Quizás era un mochilero a quien le habían robado todo, en su aventura. En lugar de llegar a conclusiones apresuradas, aprendí el beneficio de mostrar compasión sin pensarlo dos veces. Esa tarde, cuando el joven miró el rostro de Ric, estoy segura de que vio los ojos de Jesús.

SHERMA WEBBE CLARKE

escribe desde Bermuda, donde sirve como directora

 del Ministerio de la Mujer

 

 

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#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”

 

 

 

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