«Siempre tengo presente al Señor; con él a mi derecha, nada me hará caer. Por eso, dentro de mí, mi corazón está lleno de alegría. Todo mi ser vivirá confiadamente». Salmo 16: 8-9, DHH
SI MANTENEMOS AL SEÑOR constantemente delante de nosotros, permitiendo que nuestros corazones expresen el agradecimiento y la alabanza a Él debidos, tendremos una vida religiosa siempre poderosa. Nuestras oraciones serán una conversación con Dios como amigo nuestro. El nos dará a conocer personalmente sus misterios. A menudo nos vendrá un dulce y gozoso sentimiento de la presencia del Señor, y nuestros corazones arderán dentro de nosotros mientras él se acerca para ponerse en comunión con nosotros, como lo hizo con Enoc. Cuando esta es en verdad la experiencia del cristiano, se manifiesta en su vida una sencillez, una humildad, una mansedumbre y bondad de corazón, que muestran a todo aquel con quien se relacione que ha estado con Jesús y aprendido de él. En aquellos que la posean, la religión de Cristo se revelará como un principio vivificador que todo lo penetra; como una energía espiritual viva y activa. Se manifestará la frescura, el poder y el gozo de la perpetua juventud. El corazón que recibe la Palabra de Dios no es como un pozo de agua que se evapora, ni como una cisterna rota que pierde su tesoro. Es como el torrente de la montaña alimentado por fuentes inagotables, cuyas aguas frescas y cristalinas saltan de roca en roca, refrescando al cansado, al sediento y al cargado. — Palabras de vida del gran Maestro, cap. 11, pp. 100-101. «Entre llantos vendrán, y entre consuelos los conduciré. Los guiaré a corrientes de agua por un camino llano en el que no tropezarán». Jeremías 31 : 9, NVI
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Devocional Vespertino Para 2017.
“Una Religion Radiante”
Por: Elena G. de White
