«Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»». Mateo 26: 39, WI
Jesús había terminado su ministerio a favor de las personas que lo seguían en la semana de la pasión. No había más que decir a quienes habían oído las advertencias más solemnes y las verdades más importantes y las habían rechazado.
El jueves, su último día antes de morir, decidió dedicarlo a sus discípulos. Mientras los dirigentes judíos lo rechazaron con odio y desprecio, y mientras otros que habían profesado ser sus discípulos le daban la espalda, los doce apóstoles y otro pequeño grupo permanecieron junto a él hasta los momentos finales de su existencia.
Cristo tomó la copa del sufrimiento en nuestro lugar, y «comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera». «Mi alma está muy triste hasta la muerte», dijo enseguida (Mateo 26: 37, 38). El terrible peso del pecado del mundo gravitaba sobre él y se cumplía lo dicho por el profeta Isaías: «Jehová cargó en él, el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:6). No permitió que muriéramos eternamente, sino que nos brindó la posibilidad de vivir para siempre. iGloria a nuestro Salvador!
Tomó también la copa de absoluta soledad y vacío: «¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?» (Mateo 26: 40). Ninguno de los discípulos fue testigo de la agonía de Jesús. ¿Dónde estaban los cinco mil que habían sido alimentados? En aquellos momentos, Jesús anhelaba la empatía y el apoyo de sus seguidores. El salmista dijo: «Esperé a quien se compadeciera de mí, y no lo hubo» (Salmo 69:20). Nadie pudo ayudar al maestro en esa hora angustiosa. Incluso tomó la copa de agonizante oración: «Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad» (Mateo 26:42). Después de ese momento difícil, la traición se consumó: vamos! Ved, se acerca el que me entrega» (Mateo 26:46).
Jesús tomó la copa de la soledad, de la dolorosa oración y de la traición. ¿Cómo podríamos olvidar semejante amor? Vayamos a él sin demora alguna.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
