Un popular predicador televisivo tiene un mensaje sencillo: Dios quiere
bendecirte, y la prueba de su bendición es la abundancia de bienes materiales
que posees. En otras palabras, si eres fiel, Dios te hará rico.
Esta idea, o sus variantes, se ha dado en llamar el evangelio de la prosperidad:
Sigue a Dios, y él te hará rico en bienes mundanos. Esta idea no es
más que una falsa justificación teológica para el materialismo, porque lo que
realmente está diciendo es: ¿Quieres ser materialista y sentirte bien? Bueno,
tenemos el “evangelio” para ti.
Sin embargo, relacionar el evangelio con la garantía de riquezas es una
distracción mal encauzada. Esta creencia genera una disonancia con las Escrituras
y refleja una teología egocéntrica que no es más que la verdad a medias
y enfundada en lenguaje bíblico. En la base de esta mentira está el problema
de la esencia de todo pecado, que es el yo y el deseo de agradar al yo por sobre
todo lo demás.
La teología del evangelio de la prosperidad enseña que si le damos a Dios
obtenemos, a cambio, la garantía de que tendremos riquezas materiales. Pero,
esto hace que Dios parezca una máquina expendedora y convierte nuestra
relación con él en un mero trato: Si yo hago esto, tú prometes hacer aquello.
Damos, no porque es lo que hay que hacer, sino por lo que obtenemos a cambio.
Ese es el evangelio de la prosperidad.
Lee 2 Corintios 8:1 al 7. ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué principios vemos en
estos versículos que contradicen esta idea del evangelio de la prosperidad?
¿Qué quiere decir Pablo cuando habla de la “gracia de dar” (2 Cor. 8:7, NVI)?
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Estas personas, aunque en “profunda pobreza” (2 Cor. 8:2), eran muy generosas
y daban aún más de lo que podían permitirse. Textos como estos, y
muchos otros, ayudan a refutar la falsa teología del evangelio de la prosperidad,
que enseña que, si vivimos bien con Dios, tendremos muchas posesiones
materiales como resultado de ello.
¿Qué ejemplos puedes encontrar de personas que son fieles a Dios, pero no son ricos
en posesiones mundanales, y de quienes no son fieles a Dios, pero son ricos en
posesiones mundanas? ¿Qué debería decirnos esto sobre el uso de la riqueza como
indicador de las bendiciones de Dios?
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Lección de Escuela Sabática Para Adultos 2018. 1er trimestre 2018
“MAYORDOMÍA: LAS MOTIVACIONES DEL CORAZÓN”
Lección 2: «LO VEO, LO QUIERO, LO TENGO»
