jueves , 16 abril 2026
Matinal Para Damas 2018

BELUGA

«¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!» (Prov. 6: 6).

Nació en nuestro hogar, y recibió su nombre a los pocos segundos de haber nacido.

-Este gatito es todo blanco -exclamó nuestro hijo de cinco años-, excepto por esa mancha negra en su cabeza, que parece un espiráculo. Llamémoslo «Beluga», ¡Cómo las ballenas blancas!

Beluga vivió con nosotros por casi 16 años. Y aprendí muchas cosas de él. Era tolerante. Su madre murió cuando él y sus compañeros de camada tenían solo cuatro semanas y media de vida. Lo único que ya podían hacer era lamer leche. Sin embargo, uno de sus hermanos extrañaba tanto a su madre que, durante los cuatro meses siguientes, Beluga le permitió que tratara de lactar.

Era sociable. Si estaba buscando ranas al lado del lago y veía que estábamos en familia, disfrutando de las primeras sombras del atardecer, corría a la colina para sentarse con nosotros. Algunas veces, quería su propia silla para poder estar al mismo nivel que mi esposo y yo. También solía esperar en el pasillo hasta que veía que nos íbamos a acostar y, entonces, saltaba sobre la cama y se acomodaba al lado de mis rodillas.

Era feliz; siempre listo para ronronear cuando lo acariciábamos. A menudo, me acompañaba mientras yo corregía trabajos prácticos de mis alumnos; se estiraba, ronroneaba y me empujaba el brazo para que me diera cuenta de su presencia.

Durante su adultez, pesó unos seis kilos, pero en determinado momento, primero lentamente y después con extrema rapidez, comenzó a perder peso. El veterinario nos dijo que Beluga tenía problemas en los riñones y el hígado. Seguiría debilitándose hasta morir. Al poco tiempo, pesaba solo dos kilos. Sin embargo, continuaba siendo sociable. Todavía parecía feliz. Todavía ronroneaba.

Una noche, me di vuelta en la cama y choqué contra Beluga, quien estaba acurrucado al lado de mis rodillas. Medio dormida, le toqué la cabeza a modo de disculpa. No respondió con un ronroneo. ¿Había muerto? Si estuviera vivo, con seguridad habría ronroneado. No quería prender la luz y despertar a mi esposo, así que lo toqué de nuevo. Él abrió sus ojos, acomodó su cabeza entre las patas delanteras y volvió a su sueño interrumpido.

Beluga murió unos meses después, pero no sin antes hacerme reflexionar sobre sus cualidades: flexibilidad, sociabilidad, y la habilidad de demostrar su felicidad y contentamiento.

Si fuera más como mi gato, sería más como Cristo.

DENISE DOCK HERR

#Beluga
#MatinalDeDamas
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”
Por: Ardis Dick Stenbakken

Matinales más recientes

Matinales relacionados

OFRENDAS VIVAS

Les ruego  por la  misericordia de  Dios que  se  presenten  ustedes  mismos ...

NO TIRAR BASURA

  «La respuesta amable calma el enojo» (Prov. 15:1).       ...

MI CUADERNO ESPECIAL

  «Den gracias al Señor, porque él es bueno: su gran amor...

UN CENTAVO POR TUS PENSAMIENTOS

  «Dichosos los que lloran, porque serán consolados» (Mat. 5:4).   Luego...

Copyright 2026