«Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en míyyo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste».Juan 17: 21, DHH
CRISTO NOS HA DEJADO PERFECTO EJEMPLO en el cual no encontramos pecado. Sus discípulos han seguir tras sus huellas. Si nuestro carácter no es transformado, no podremos bajo ningún concepto morar con él en su reino. Jesucristo murió para elevarnos y ennoblecernos, y los que retienen las tendencias hereditarias hacia el pecado, no podrán habitar con él. El Señor sufrió todo lo que puede sufrir y soportar el ser humano, para que cada uno de nosotros podamos superar triunfalmente todas las tentaciones que Satanás pueda maquinar para destruir nuestra fe.Nuestra única esperanza reside en Cristo. Dios desea que su pueblo gane victorias día tras día. Mediante sus dones celestiales, el Señor ha hecho amplia provisión para su pueblo. Un padre terrenal no le puede dar a su hijo un carácter santificado; ni puede transferirle su propio carácter. Unicamente Dios puede concedérnoslo. Cristo sopló sobre sus discípulos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo» (Juan 20: 22, NVI). Este es el gran don del cielo.El Señor Jesús les impartió su propia santificación mediante el Espíritu. Los llenó con su poder para que pudieran ganar almas para el evangelio. En adelante Cristo viviría a través de sus facultades, y hablaría a través de sus palabras. Fueron
privilegiados al saber que en el futuro él y ellos serían uno. Debían apreciar sus principios Y permitir que su Espíritu los dirigiera. En ese caso no seguirían más sus propios caminos ni hablarían sus propias palabras. Las que hablaran, procederían de un corazón santificado, y de labios santificados. Ya no vivirían por más tiempo su vida egoísta; Cristo viviría en ellos y hablaría por ellos. Les concedería la gloria que tenía con elPadre, para que él y ellos fueran uno con Dios.— General Conference Bulletin ( 1899)•
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Devocional Vespertino Para 2017.
“Hijos E Hijas De Dios”
Por: Elena G. de White.
