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«Jesús le dijo: «Les aseguro que todos los que pecan son esclavos del pecado»» (Juan 8: 34).
No fui yo quien compró los huevos, ni siquiera quien manejaba, pero aun así, era culpable. ¿En qué estábamos pensando Penny, Kari y yo cuando decidimos vengarnos del exnovio de Kari? Lo seguimos sigilosamente hasta su casa localizamos su auto estacionado en la entrada y procedimos a bombardearlo con docenas de huevos. Huyendo victoriosas, de repente Penny pensó que alguien podía estar persiguiéndonos y, en ese momento, nos dio pánico. ¿Nos habría visto alguien desde la ventana? ¿Nos delataría algún vecino? Nos montamos en el auto, huimos de la escena y nos escondimos en la facultad de música toda la tarde, orando para que la policía no viniera a buscarnos, aterrorizadas pensando que podríamos terminar en la cárcel.
Pensarás que el día que un policía detuvo mi auto en el centro de Seattle debí haber sentido temor a ser capturada por tomar una decisión estúpida, pero no fue así. El policía salió del patrullero y, en ese momento, no sé qué me sucedió. Es como si otro par de manos hubiera tomado el volante de mi auto y lo hubiera manejado, acelerando por el mercadillo a través de los puestos de fruta, la cafetería y los músicos que tocaban en la calle. cuando aquel policía comenzó a perseguirme, yo ya estaba muy lejos, escondida y muerta de miedo en la planta baja de un parqueadero. En lugar de sentirme victoriosa, estaba aterrorizada. iHabía cometido un delito! Pasé el resto del día muerta de miedo, mirando a todas partes, convencida de que aquel policía me encontraría. Mientras mi hijo chapoteaba feliz en un charco, yo me escondía detrás de un árbol. Aquello me arruinó el día.
Así es como nos controla el pecado. Nos atrapa en el miedo, nos hace mirar constantemente a todas partes, con vergüenza, incluso aunque nadie nos esté persiguiendo. Nos roba la libertad y la seguridad, y nos despoja de la capacidad de disfrutar de la vida. Los fariseos pensaban que eran libres, pero Jesús dijo que todo el que peca es esclavo, Cuando pecas, te conviertes en esclavo del miedo, de la culpa y del pecado. En resumen: no merece la pena. Vivir con miedo no es la vida que Jesús quiere que tengas. Él quiere que seas libre y soto la verdad, es decir, Jesús, puede hacerte libre.
#MatinalDeAdolescentes
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
TOMADO DE:
Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2017.
“FUSIÓN.”
Por: Melissa & Greg Howell Seth
