«Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». Romanos 8: 28
SEGURAMENTE NUESTRO VERSÍCULO para hoy te parece familiar. Es uno de los versículos que consuela a las personas en los momentos de dolor y de prueba. Su mensaje principal es que nada sucede a los hijos de Dios sin un propósito. Dios sabe por qué permite que el dolor llegue a la vida del cristiano. Pero el texto no es la simple promesa de que todo dolor tiene un propósito; si te pones a analizar el contenido con detenimiento, notarás que la promesa es solo para «los que aman a Dios».
Si le entregas el corazón a Jesús, te colocas en las manos de un Dios que jamás pierde el control de las cosas. El mundo puede estar cayéndose a pedazos, pero tu vida está segura porque, aunque los hijos de Dios también sufren en esta tierra; el dolor para ellos tiene un propósito formativo. El dolor te ayuda a crecer; es en medio de las lágrimas como aprendes a depender de Dios.
¿Por qué sufren los hijos de Dios? Hay varios motivos. El principal, es que vivimos en un mundo de pecado, en el cual el dolor es como la lluvia o como el sol que, cuando llegan, llegan para justos e injustos. Sin embargo, en el contexto de Romanos 8 los hijos de Dios muchas veces sufren porque no saben lo que es bueno para ellos. Eso es lo que dice el versículo 26: «Y de igual manera el espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el espí- ritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles».
Esta declaración es dramática: no sabemos pedir lo que debemos. Somos como niños. Creemos que una golosina es la cosa más deliciosa del mundo; pero mamá sabe que necesitamos comer verdura, y nos la hace comer a la fuerza. Quedamos contrariados; lloramos. Pero un día, cuando ya hemos crecido, no nos resta otra cosa sino agradecer a mamá.
Lo mismo sucede en nuestra relación con Dios. Nos engolosinamos con las cosas de esta vida y, si las perdemos, creemos que Dios nos ha abandonado y no nos ama. Pero el tiempo se encarga de demostrarnos lo engañados que estábamos.
Haz de este un día de confianza en Dios. En primer lugar, entrégale tu corazón a Jesús; y después, confía en él aunque las cosas no salgan como tú lo deseas, porque «sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados».
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TOMADO DE:
Matinal Para Toda La Familia 2017.
“PLENITUD EN CRISTO”
Por: Alejandro Bullón
