«Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó. Los dos lloraron»
(Génesis 33: 4),
Nunca olvidaré la vergüenza que pasé en mi último año de universidad, cuando fui suspendida por haber pasado toda la noche fuera de la escuela. Mi hora de entrada era las tres de la madrugada, pero me había quedado dormida en el sofá de una amiga. Cuando me suspendieron por este incidente, yo decidí responder con una serie de cartas airadas y sátiras desafiantes. Mi situación hubiera podido ser peor, si no fuera porque uno de los decanos, la profesora Merth, me defendió públicamente diciendo: «Simplemente está molesta, pero es una buena muchacha; normalmente no es así». No sé si yo merecía ese voto de confianza, pero nunca lo olvidaré. Durante años después de eso, me sentí avergonzada cada vez que recordaba la manera en que había actuado.
Recientemente volví a la universidad de visita y me encontré con la buena, y ya mayor, profesora Merth. Inmediatamente toda la vergüenza volvió a mi mente. Yo sabía que finalmente las palabras saldrían de mi corazón: «Por favor, perdóneme por mi comportamiento de hace varios años», Efectivamente, se lo dije. Hubo silencio. Alcé mis ojos para ver la expresión de su rostro. «Gracias —dijo ella—. Pero no sé de qué me estás hablando». Todos aquellos años yo había estado avergonzada por nada, pues ella me había perdonado y lo había olvidado por completo,
Cuando Jacob se encontró nuevamente con su hermano Esaú, a quien había engañado y robado veinte años atrás, estaba avergonzado. Se inclinó hasta el suelo siete veces mendigando su perdón (y ya había enviado regalos increíbles por adelantado). Pero en lugar de recordar esa injusticia, Esaú corrió hacia él y lo rodeó con sus brazos. Todo había sido perdonado hacía tiempo, pero Jacob no lo sabía y había vivido avergonzado veinte años.
Cuando le haces daño a alguien, quizá te sientes bien en el momento, pero a largo plazo te estás hiriendo a ti mismo. La mayoría de la gente va a seguir adelante y a dejar eso atrás, pero tú vas a llevar la vergüenza de tu comportamiento muchos años. Los males que causaste a otros, al final, te afectarán a ti. Recuerda esto hoy y trata a la gente, incluso a aquella con la que tienes conflictos, con amabilidad.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017.
«Fusión»
Por: Melissa y Greg Howell Seth Pierce

