Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón (Jeremías 29:13)
Suena la campana, y con la avalancha de estudiantes te apresuras hacia abajo por los escalones de la entrada.
-¡Por ahí! –Josías señala a la izquierda- ¿Lo ves?
Tú miras las caras, en busca de un amigo con el que ibas a reunirte para la práctica de fútbol, pero cada cara tiene el mismo aspecto. “¡Ayuda!”, gritas cubriendo tus ojos, tus piernas flacas colapsan. “¡Tengo prosopagnosia!”
Los niños se miran nerviosamente los unos a los otros y dan vueltas en su intento de procesar la palabra descomunalmente larga. Tú comienzas a sudar, dándote cuenta de que tienes el gen defectuoso que causa la incapacidad de reconocer rostros.
Imagínate a las víctimas de la ceguera de rostros: ya sea causada por una lesión cerebral o hereditaria, enfrentan este síntoma cada día. Experimentan la duda y la indecisión en situaciones sociales, y les resulta difícil seguir una historia en la televisión ya que no pueden distinguir a los actores. Mientras le hacen frente a la prosopagnosia de diferentes maneras, encuentran otras formas de identificar a las personas, crean excusas o se mantienen lejos de grandes multitudes; las personas con ceguera de rostros se sienten inseguras de quién es quién.
¿No estás agradecido de que Dios no sufra de ceguera de rostros? Incluso con los miles de millones de personas que viven en la Tierra, Dios podría identificarte en medio de una multitud en un latido del corazón. Él conoce tu rostro. Más que eso, él te conoce. Cada parte de ti es conocida por tu Creador y él, más que nada, anhela que tú también lo conozcas.
¿Y ahora?
Reflexiona unos minutos las horas que Jesús paso en la cruz. ¿Sabías que habia venido a la Tierra a morir solo por ti’ ¿Qué tan bien conoces a tu Salvador?
SPLASH
Prosopagnosia fue el nombre que, en 1947, el doctor Joachim Bodamer le dio a esta enfermedad cuando la definió como “la interrupción selectiva de la percepción de rostros”.
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Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler.
