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LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 59:2; Mateo 27: 11-26, 45, 46, 49-54; 28:1-20,’ Juan 3:19; Hebreos 8:11-6.
PARA MEMORIZAR: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Mat. 28:18).
UN AVISO EN UNA REVISTA BRITÁNICA pedía a alguien que estuviera dispuesto a donar su cuerpo a la ciencia. Los científicos habían estudiado la momificación egipcia y buscaban a un voluntario con una enfermedad terminal que quisiera donar su cuerpo después de su muerte. Ellos creían que habían hallado el método de los egipcios, y que el cuerpo “sería preservado, potencialmente, por centenares o aun miles de años”.
Como cristianos, no nos interesa preservar nuestros cadáveres. Dios nos prometió algo mucho mejor. La muerte de Jesús, al pagar la penalidad por nuestros pecados, y su resurrección, las “primicias de los que durmieron” (I Cor. 15:20), prepararon el camino no para que nuestros cuerpos sean “preservados” como los cadáveres de los faraones (las momias no son muy bonitas), sino para que sean transformados en cuerpos incorruptibles que vivirán para siempre.
Esta semana, estudiaremos las inagotables verdades con respecto a la muerte y la resurrección de nuestro Señor, y la esperanza que nos ofrecen estos dos eventos.
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Lección de Escuela Sabática Adventista para Adultos
2do trimestre 2016 “Mateo”
Lecc. 13 – Crucificado y Resucitado
