domingo , 13 septiembre 2026
Lección E. Sabática 2016

Apresurando el día

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ESC-SAB1-207x300Aunque la espera de la Segunda Venida parece no acabar, el tiempo no preocupa a Dios. “Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Ped. 3:8). En las Escrituras, el fin siempre está cerca, ya sea el día del Señor en el Antiguo Testamento o el retorno de Cristo en el Nuevo Testamento.

Lee 2 Pedro 3:8 al 14. ¿Cuál es la esperanza a largo plazo que se nos brinda aquí? Ver también Dan. 2:34, 35, 44.

Según las profecías de tiempo clásicas, la cantidad de tiempo que se permitirá que el mal continúe y cuanto más esperará Dios tienen un límite. En las profecías, Dios bosqueja su estrategia para acabar con el pecado y el sufrimiento, y para restaurar la Tierra a su perfección original.

Si consideramos el fin de todas las cosas como las conocemos, eso afectará el modo en que vivimos ahora (2 Ped. 3:12). Si nos rebelamos ante la idea de que Dios perturbe nuestro mundo, entonces seremos cínicos y burladores, Si, por otro lado, vemos en esto a un Dios misericordioso que finalmente limpiará la abominable corrupción y los abusos de los derechos humanos, entonces podemos, con confianza, esperar “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (vers. 13).

Además, Pedro expresa su preocupación por nuestras actitudes y conductas personales. Nos anima a ser “diligentes” para ser “hallados por él sin mancha e irreprensibles» (2 Ped. 3:14). En el versículo siguiente, Pedro parecería promover “obras” religiosas, pero él corrige esto con la frase “la paciencia de nuestro Señor es para salvación”, confirmando las palabras de Pablo a los mismos creyentes (vers. 15).

Nuestra meta es ser irreprensibles; tal como se describe a Job, era “temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1:1), y como Cristo nos presentará frente al Padre (l Cor. 1:8; Col. 1:22; l Tes. 3:13; 5:23). ¿No tener manchas? Así debía ser el cordero del sacrificio (p. ej., Éxo. 12:5; Lev. 1:3), así fue Jesús (Heb. 9:14; 1 Ped.1:19) y así presenta el a la iglesia ante el Padre (Efe. 5:27).

En nuestro esfuerzo por vencer el pecado, crecer en fe evitar el mal vivir vidas “irreprensibles» o “perfectas”, ¿Por qué debemos depender de la Justicia de Jesús, que se nos acredita por fe? ¿Qué sucede cuando perdernos de vista esa promesa?

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Lección de Escuela Sabática Adventista para Adultos
1er trimestre 2016 “Rebelión y Redención”
Lecc. 3 – Crisis en el Eden

 

 

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