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Empero a cada uno de nosotros es dada la gracia conforme a la medida del don de
Cristo. (Efe.4:7)
Los talentos que Cristo confía a su iglesia representan especialmente las bendiciones
y los dones impartidos por el Espíritu Santo. «A éste es dada por el Espíritu Palabra de
sabiduría; a otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu, a otro fe por el mismo
Espíritu; a otro, operaciones de milagros, y a otro, profecía, y a otro, discreción de espíritu;
y a otro, géneros de lengua y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra
uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere.» Todos los
hombres no reciben los mismos dones, pero se promete algún don del Espíritu a cada siervo
del Maestro.
Antes de dejar a sus discípulos, Cristo «sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo.»
Otra vez dijo: «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros…” A cada uno
de nosotros es dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo», y el Espíritu reparte
“particularmente, a cada uno como quiere». Los dones ya son nuestros en Cristo, pero su
posesión verdadera depende de nuestra recepción del Espíritu de Dios. (LP:298)
Dios no nos pide que hagamos con nuestras propias fuerzas la obra que nos aguarda,
El tiene en reserva ayuda divina para todas las frente a las cuales nuestros recursos
humanos son insuficientes. También da el Espíritu Santo para que nos ayude en cada
situación difícil, para que fortalezca nuestra esperanza y confianza, para que ilumine
nuestra mente y purifique nuestro corazón. . . . Será ilimitada la utilidad del que, haciendo a
un lado el yo, permita que se realice la obra del Espíritu Santo en su corazón, y viva
totalmente consagrado a Dios… Cristo declaró que la divina influencia del Espíritu
acompañaría a sus seguidores hasta el fin. (8T:19-21) (39)
Devocional Vespertino
“Mi Vida Hoy”
Enero – Una vida consagrada
Por: Elena G. de White
