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Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis
sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. (Sant. 5:16)
Se me ha indicado que encarezca a nuestro pueblo, con sumo fervor, la necesidad de
la religión en el hogar. Entre los miembros de la familia se debe manifestar siempre
bondad, solicitud y consideración. De mañana y de tarde únanse todos los corazones en
culto reverente. En ocasión del culto vespertino, que cada miembro de la familia escudriñe
bien su propio corazón. Arréglese cualquier error que se haya cometido. Si durante el día
alguno hirió al otro o le habló rudamente, pida perdón el transgresor al A menudo se guarda
rencor, y se crean malentendidos y amarguras innecesarios. Si aquel de quien se supone que
pecó tuviera oportunidad, podría presentar explicaciones que causarían alivio a los demás
miembros de la familia.
«Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros,» para que
podáis ser curados de todas las enfermedades espirituales y se transformen las actitudes
pecaminosas. Laborad con diligencia por la eternidad. Orad con fervor sumo al Señor y
afirmaos en la fe. No confiéis en el brazo de carne; mas confiad implícitamente en la
dirección del Señor. Diga cada uno: «Por mi parte, saldré y me, apartaré del mundo. Serviré
al Señor con propósito pleno y de corazón. . . .»
El Señor mostrará su tierno favor hacia aquellos que guardan sus mandamientos. La
Palabra, la Palabra viva, una vez recibida y obedecida, será sabor de vida para vida. La
aceptación de la verdad regenerará y limpiará el corazón pecaminoso.
No se puede postergar esta obra de la purificación del carácter de cada uno… Con
oración y confesión, decidíos a pertenecer completamente al Señor desde ahora en
adelante…No podemos postergar esta obra de confesión y humillación del alma, para que
nuestras ofrendas sean aceptables a Dios. Se hallará plenitud de gozo en la entrega
completa al Señor. (RH, 08-11-1906) (33)
Devocional Vespertino
“Mi Vida Hoy”
Enero – Una vida consagrada
Por: Elena G. de White
