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De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida. Juan 5:24.
En marzo de 2009 estábamos trabajando en una comunidad de Tapachula, cuando sucedió algo inesperado. Tocamos el timbre y, un momento después, la dueña de casa salió corriendo por la puerta, presa del pánico. Llevaba consigo una cadena y un cable. Le pregunté qué sucedía, y me dijo, casi sin respirar, que se estaba por quitarse la vida. También nos dijo que su único hijo, Daniel, estaba usando drogas y que se había encerrado en su habitación con la amenaza de suicidarse. Entonces, ella exclamó: “Si mi hijo muere, ¿para qué quiero vivir?” Claramente estaba exhausta y en una situación límite.
Hablamos durante un rato hasta que comenzó a calmarse. Nos quedamos con ella y seguimos animándola. Finalmente, el hijo abrió la puerta y salió de su habitación. Oramos fervientemente por esta mujer y su hijo, y Dios trabajó en ellos para calmarlos. Más tarde ella expresó: «¡Gracias a Dios por los colportores!»
Esta experiencia creó un vínculo entre nosotros y después de un tiempo pudimos darle estudios bíblicos a ambos. No pasó mucho tiempo hasta que la Sra. Roblero y Daniel se entregaron a Cristo y fueron bautizados.
Hoy, gracias a Dios, Daniel se ha unido al ministerio del colportaje y testifica como colportor. Es más, madre e hijo han formado un grupo pequeño en su hogar donde estudian, predican, y comparten testimonios. ¡Cuántos cambios se dan cuando Jesús llega a vidas afligidas!
Las siguientes palabras inspiradas me llevan a reflexionar: «Muchos están tristes y desanimados, débiles en fe y confianza. Hagan algo para ayudar a alguien más necesitado que ustedes mismos y llegarán a ser fuertes en el poder de Dios. Ocúpense en la buena obra de vender nuestros libros. Así ayudarán a otros, y la experiencia obtenida les dará la seguridad de que son la mano ayudadora de Dios» (Elena de White, El colportor evangélico, p. 23).
Estoy agradecido por haber estado presente para esta madre y su hijo, no por accidente, sino por designio divino. El ministerio de la página impresa puede ser una herramienta de sanidad para renovar la salud emocional y espiritual. ¡Gracias Señor!
Fernando Mejía Guerrero. México
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
