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Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. Salmo 91:11.
Cuando mi esposo falleció en 1982 sentí que mi mundo se desmoronó. Había trabajado como enfermera, y lo había disfrutado mucho, pero cuando quedé sola sentí que Dios me llamaba para hacer algo diferente. Esa sensación venia una y otra vez a mi mente y a mi corazón, pero ¿qué hacer? Oré fervientemente por su guía. Tenía que alimentar, vestir, y educar a mis hijos. ¿Qué podía hacer? Dios contestó mis oraciones al conducirme al ministerio de las publicaciones, y desde que comencé ese trabajo me he afianzado en ese ministerio con un milagro tras otro.
Un día tomé un motatu (transporte público) hacia el centro de la ciudad, y me senté al lado de un desconocido. Entablé conversación con él contándole acerca de mi trabajo. Él me preguntó qué tipo de libros vendía, y le respondí que vendía libros de salud, educación, familia y guía espiritual. Me sorprendí cuando el inquirió: —Hay un libro que he estado buscando durante años, que me ayudaría muchísimo en mi investigación.
Dudé que estuviera buscando un libro adventista para su investigación, pero le pregunté: -¿Qué libro está buscando? Cuando me mencionó el libro: “Daniel y Apocalipsis”, no lo podía creer. ¡Tenía ese libro en mi mochila! Lo saqué y se lo di con una gran sonrisa. Atónito, me dijo: — ¡Le compraré este libro, no importa lo que valga!
Le dije el precio, y él me dio el dinero inmediatamente. No dijo ni una palabra por el resto del viaje, ¡estaba completamente sumergido en el libro! Realmente Dios me estaba guiando.
En otra ocasión, luego de subir a un colectivo, me arrestaron y me ataron con un grupo de buscados criminales. Uno de los oficiales de policía noto que yo era “diferente” de los demás y me preguntó qué estaba haciendo. Esa era mi oportunidad. Le conté acerca de mi trabajo, y vendí todos los libros que tenía entre los oficiales de policía y los criminales que habían arrestado. Esta fue otra confirmación de que el Señor estaba conmigo.
De ser una mujer quebrantada, con hijos pequeños que cuidar, entre al trabajo gratificante del colportaje y he encontrado muchísimo gozo. Dios envía a sus ángeles para que nos cuiden, dirijan y protejan día a día. Camino con gratitud por su amante fidelidad.
Caren Onyango, Kenia.
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
