[soundcloud id=’237189533′]
Saltará el cojo como un ciervo, y gritará de alegría la lengua del mudo. Isaías 35:6, NVI.
Habían pasado dos años desde que contrajera una enfermedad que me debilitaba. Los efectos se llevaron mi fuerza y me convirtieron en un lisiado. Ya no podía caminar. Depender de otros me desalentó. La vida parecía haber perdido significado. En ese estado exclamé: “¡Señor necesito que intervengas! ¡Te ruego que manifiestes en mi tu poder sanador!» Mi mayor deseo era mejorarme lo suficiente para poder moverme por mi mismo. Conseguí una silla de ruedas, lo cual me ayudó a movilizarme un poco mejor… ¡pero cómo deseaba caminar!
Por años había tenido el deseo de convertirme en colportor, pero ahora, al no poder caminar, parecía que mi sueño nunca se haría realidad. Esto me afligía mucho, así que seguía presentándole mi problema a Dios en oración. Me aferré a muchas promesas bíblicas: «Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón» (Jer. 29: 13], y “Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan» (Sal. 37:25). Estos versículos y muchos otros me animaron. También recordé que Elena de White sufrió graves enfermedades, y aun así hizo un gran trabajo para el Señor. Entonces entendí que quizá la enfermedad no era razón o excusa suficiente para dejar de hacer el trabajo del Señor, junte valor para perseguir mi sueño de servir a Dios como colportor. Hice una solicitud, y me aceptaron.
Luego de comenzar a trabajar, empujando mi silla de ruedas de una puerta a otra, lentamente sentí que mis piernas recobraban fuerzas. Después de esforzarme, descubrí que podía pararme, y no pasó mucho tiempo antes de dar unos pasos tambaleantes. Seguí perseverando y ¡alabado sea el Señor, pude dejar la silla de ruedas!
Mi espalda cobró nuevas fuerzas, el dolor desapareció, y comencé a experimentar grandes bendiciones. Mi espíritu se elevó, y también lo hicieron mis ventas. Comencé a alcanzar mis objetivos, y logré caminar nuevamente. Paso a paso y bendición tras bendición me recobré al punto de obtener mi propio terreno y construir mi propia casa.
Le agradezco a nuestro Padre celestial porque levanta el pobre y al caído. Oro para continuar sirviéndolo fielmente hasta que regrese, pues entonces «saltará el cojo como un ciervo».
Denis Nzamuye, Ruanda.
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
