¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. Santiago 5:13, NVI.
Marta (seudónimo) estaba pasando por un momento muy difícil en su vida. Estaba deprimida y sus niveles de estrés eran tan altos que estuvo a punto de quitarse la vida.
Un día fue al Banco para pagar algunas cuentas y solucionar algunos problemas. Mientras esperaba para ver al gerente, se sentó al lado de una mujer que estaba leyendo un vistoso libro acerca del estrés. Se sintió atraída por el título y las ilustraciones, y sin poder contener su curiosidad, le preguntó a la mujer donde podía comprar ese libro.
La mujer le informó a Marta que se lo había comprado a una mujer que había pasado por su casa meses antes. Tenía su número de contacto y se lo dio a Marta.
Apenas llegó a su casa. Marta llamó al número que le dieron, y contestó Branca, una colportora. Acordaron un horario para encontrarse, Branca le presentó los libros que tenía, y Marta compró algunos materiales que le serían entregados una semana después.
Cuando Branca fue a entregarle los libros, Marta la atendió, pero estaba muy molesta y vestida a medias. Insultó a Branca y le dijo que no aceptaría los libros, que se fuera y que no regresara nunca más, Branca trató de calmar a Marta, pero nada funcionó. Al ver que no había progreso alguno, Branca decidió irse, pero antes le preguntó a Marta si podía orar por ella. Con pocas ganas. Marta aceptó. Luego de la oración, Marta le dijo muy alterada: «No creo en nada de lo que dices acerca de Dios». Branca se despidió con tristeza y se fue sintiendo lástima por Marta.
Dos días después, Branca recibió una llamada telefónica de Marta. Ella se disculpó con lágrimas por la manera como había actuado y por lo que le habida dicho. Le preguntó a Branca: “¿Puedes visitarme de nuevo? Tengo que hablar contigo. ¿Piensas que podría acompañarte a la iglesia?»
Algunos meses después, Marta era una nueva persona, llena de gozo y esperanza. Recibió estudios bíblicos y fue bautizada en la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Montevideo, Uruguay.
Sé en todo momento un instrumento en las manos de Dios, y tus esfuerzos producirán frutos para vida eterna.
Anónimo. Uruguay
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
