Imperfecta pero dispuesta
La experiencia de los profetas del Antiguo Testamento demuestra que nunca ha sido fácil ser un mensajero de Dios. Elena G. de White experimentó las mismas inquietudes que los profetas bíblicos. Como aprendimos el viernes pasado, era joven, tímida y de salud delicada cuando recibió el llamado de Dios. Aunque una segunda visión confirmó su vocación, Elena siguió sintiéndose aprensiva ante el llamado de Dios, y escribió: «Más o menos una semana después de esto, el Señor me dio otra visión y me mostró las pruebas que yo debía pasar, y que debía ir y relatar a otros lo que él me había revelado, y que arrostraría una gran oposición y sufriría angustia de espíritu por hacerlo. […] Después de salir de esta visión me sentí sumamente conturbada. Mi salud era muy mala y solo tenía 17 años. […] Oré fervientemente para que la carga recayera sobre otra persona. Pero toda la luz que pude obtener fue: “Da a conocer a los demás lo que te he revelado”. No me sentía preparada para salir al mundo. Naturalmente, tenía poca confianza en mí misma. […] Miraba con deseo hacia la tumba. La muerte me parecía preferible a las responsabilidades que tendría que asumir».1
Fíjate que Elena sentía que prefería morir antes que aceptar su llamado. Tras mucha oración y el aliento de otros creyentes, accedió y dedicó el resto de su vida a seguir «los mandatos [de Dios]».2
Con el tiempo, se convirtió en la voz más influyente para la futura Iglesia Adventista del Séptimo Día y dentro de ella. Sin embargo, Elena era humana y tenía sus propios defectos personales, pruebas físicas, desafíos familiares y dificultades interpersonales. Pero, a pesar de su humanidad, vemos una gran lección: Dios elige a personas imperfectas que están dispuestas a servirlo.
Bajo la guía del Espíritu Santo, el ministerio profético de Elena G. de White animó a los creyentes y los conectó con las verdades bíblicas. Para 1860, ella había desempeñado un papel destacado en el desarrollo de la incipiente confesión adventista del séptimo día y su misión de proclamar los mensajes de los tres ángeles al mundo. Dios guio a estos creyentes a organizar oficialmente la Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1863. En décadas posteriores, la voz profética de Elena G. de White fue influyente en el establecimiento de los sistemas adventistas de salud y educación a nivel mundial. Sin embargo, la contribución más importante de su ministerio son las aproximadamente cien mil páginas de sus escritos inspirados, que continúan comunicando la instrucción divina en todo el mundo.
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Lección – Inverso 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECÍA»
Lección 03 « PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO »
Colaboradores: Henry D. Gómez y Esther Jiménez
