martes , 29 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2026

Expulsados Del Jardín

 

 

 

Mientras fuera inocente, Adán había gozado de abierta comunión con su Hacedor; pero el pecado produjo separación entre Dios y el hombre, y solo la expiación de Cristo podía salvar el abismo, y hacer posible la transmisión de las bendiciones de la salvación entre el cielo y la tierra. El hombre tenía vedada la comunicación directa con su Creador, pero Dios se comunicaría con él por medio de Cristo y de los ángeles.

En esa forma se revelaron a Adán importantes acontecimientos que se producirían en la historia humana, desde el tiempo en que fue pronunciada la sentencia divina en el Edén hasta el diluvio, y desde allí hasta el primer advenimiento del Hijo de Dios. Se le mostró que si bien el sacrificio de Cristo tendría suficiente valor para salvar a todo el mundo, muchos escogerían una vida de pecado más bien que de arrepentimiento y obediencia. Los crímenes aumentarían en las generaciones sucesivas, y la maldición del pecado pesaría cada vez más sobre la raza humana, las bestias y la tierra. La vida del hombre sería acortada por su propio pecado; disminuirían su estatura y resistencia física, así como su poder intelectual y moral, hasta que el mundo se llenase de toda clase de miserias. Mediante la complacencia del apetito y las pasiones, los hombres se incapacitarían para apreciar las grandes verdades del plan de redención. No obstante, fiel al propósito por el cual dejó el cielo, Cristo mantendría su interés en los hombres, y seguiría invitándolos a ocultar sus debilidades y deficiencias en él. Supliría las necesidades de todos los que fuesen a él con fe. Y siempre habría unos pocos que conservarían el conocimiento de Dios, y se guardarían incólumes en medio de la prevaleciente iniquidad.

El sacrificio de animales fue ordenado por Dios para que fuese para el hombre un recuerdo perpetuo, un penitente reconocimiento de su pecado y una confesión de su fe en el Redentor prometido. Tenía por objeto manifestar a la raza caída la solemne verdad de que el pecado era lo que causaba la muerte. Para Adán el ofrecimiento del primer sacrificio fue una ceremonia muy dolorosa. Tuvo que alzar la mano para quitar una vida que solo Dios podía dar. Por primera vez iba a presenciar la muerte, y sabía que si hubiese sido obediente a Dios no la habrían conocido el hombre ni las bestias. Mientras mataba a la inocente víctima temblaba al pensar que su pecado haría derramar la sangre del Cordero inmaculado de Dios… Y se admiró de la infinita bondad que daba semejante rescate para salvar a los culpables. Una estrella de esperanza iluminaba el tenebroso y horrible futuro, y le libraba de una completa desesperación…

El acto de Cristo, de morir por la salvación del hombre, no solo haría accesible el cielo para los hombres, sino que ante todo el universo justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás (Exaltad a Jesús, 6 de noviembre, p. 318).

 

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECIA»
Lección 01 «EL CREADOR HABLA»
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez

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