jueves , 15 octubre 2026
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Matinal De Damas 2026

La preparación para una gran obra

 

 

 

El Señor estaba con José y las cosas le salían muy bien […] mientras José vivía en la casa de su amo egipcio (Génesis 39: 2).

 

José, el penúltimo hijo de Jacob, perdió a su madre durante el nacimiento de su hermano menor. Este niño dócil y obediente se transformó en el hijo preferido de su padre, lo cual generó celos en sus hermanos. Vendido por ellos a una caravana de comerciantes de parentesco distante, José fue llevado a Egipto, donde enfrentó pruebas y tentaciones, como aquella a la que lo sometió la esposa de Potifar que buscó, en vano, seducirlo. Al no tener éxito, ella le contó su versión a su esposo, el cual, aunque no muy convencido, envió a José a la cárcel.

Es muy probable que José no haya entendido el motivo de tantos reveses en su vida, pero, aun así, decidió ser fiel a Dios. Nosotras tampoco comprendemos muchas veces la obra que Dios hace en nuestras vidas, esculpiéndonos para que cumplamos sus propósitos.

Probablemente te ves a ti misma como una buena persona, como lo era José, pero para que José cumpliera los propósitos divinos necesitó limar algunas aristas de su carácter y transformarse en un hombre más autónomo y determinado.

El hecho de que José fuera el hijo preferido de Jacob lo convirtió en un niño mimado, lo cual no lo ayudaba a ser el líder que Dios necesitaba para cumplir sus propósitos. Sin embargo, al sufrir injusticias en el entorno familiar y social, José permitió que Dios lo moldeara. Aun cuando sabía que sus hermanos eran responsables de las desgracias que le habían acontecido, las pruebas divinas le enseñaron a no ser el tipo de persona que vive culpando a los demás. Dios quería enseñarle a sobreponerse a sus verdugos y a las injusticias, desarrollando actitudes positivas, proactivas y cristianas.

José aprendió a asumir sus responsabilidades en el curso de su historia, por eso perdonó a sus hermanos. Imagínate si se hubiera acurrucado en un rincón de la cárcel, se hubiera cruzado de brazos con la cara larga y hubiera dicho: ¡Mis hermanos me las pagarán!.

Habría cerrado las puertas que le permitirían aprender y aceptar los planes divinos. Pero, en lugar de eso, hizo lo mejor en todas las circunstancias. Ya conoces el fin de la historia.

¿Has sufrido alguna injusticia? Si es así, no te cruces de brazos ni te veas como derrotada. No desistas de seguir dando lo mejor de ti. Alguien puede haberte tratado de manera injusta, pero tú defines cómo seguirá tu historia. Dios te está preparando para una gran obra. Permite que el Espíritu Santo actúe en tu vida y cumpla su objetivo en ti.

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