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Amados, esta es la segunda carta que os escribo. 2 Pedro 3:1
A veces, veo venir al cartero con su bolso lleno de correspondencia, y lo saludo. Muchas de las cartas que trae son importantes. Y yo hago mi parte para que esa correspondencia beneficie a mi familia: abro el buzón, saco los sobres, leo su contenido, los separo por orden de importancia, y voy respondiendo de acuerdo con el grado de urgencia.
De nada sirve colocar la correspondencia en un estante y dejarla allí por tiempo indefinido. Recibo información importante: citas médicas, formularios que debo llenar y devolver, cheques, facturas, y cartas de nuestros seres queridos. Esta correspondencia necesita mi atención. También llegan avisos publicitarios, a los que presto muy poca atención. Así que separo la correspondencia útil e importante de la que tiene poco o ningún valor.
Imagino a Dios como el Cartero divino, con su bolso lleno de correspondencia celestial para nosotros. A diferencia de la correspondencia terrenal, toda la que Cristo coloca en mi buzón es vital. Cuando reviso esta correspondencia, encuentro diversas invitaciones: “Si estás cansada, te daré descanso”. “Calma tu sed con el agua de vida”. “Echa tus ansiedades sobre mí”. “Ven, yo borro tus rebeliones”. “Te invito a cenar conmigo”.
La Biblia es el buzón donde el Cartero celestial coloca la correspondencia que debo atender a diario. En ella, recibo cartas de amor, amonestaciones, cuentas por pagar, recibos de cuentas ya saldadas y cheques que debo depositar en mi cuenta bancaria. También recibo alertas sobre los tiempos en que vivimos, orientación para desempeñar mi trabajo de forma placentera y beneficiosa, y cartas de aliento y esperanza de mi Amigo que desea verme pronto.
¿Cómo está mi buzón hoy? ¿Saqué la correspondencia o permanece cerrado? ¿Qué hice con esa correspondencia? ¿La abrí, la leí y respondí de acuerdo con la urgencia de su contenido, o la puse en el estante para un “después” que quizá no llegue nunca?
Padre, ayúdame cada día a recibir y leer con interés y devoción la correspondencia que tú me traes. No quiero perder la importante cita que tengo contigo en la mansión de mi Señor.
Rhodi Alers de López.
Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del Alma”
Por: Diane de Aguirre
