«Si favorecen más a algunas personas que a otras, cometen pecado» (Santiago 2: 9, NTV).
Una fría noche, un hombre cansado tras un largo viaje y con apariencia de no haberse bañado en días entró en un hotel de lujo de la ciudad de Baltimore. El encargado lo miró de arriba abajo y pensó: «Vaya, un sucio granjero». Cuando el desconocido pidió una habitación, le respondió: «Lo lamento, no hay ninguna disponible para usted».
El hombre insistió en que necesitaba una habitación, pero recibió la misma respuesta: «No hay ninguna disponible para usted». Así que se fue. Mientras él salía por la puerta, un hombre muy elegante entraba, y se giró para verlo pasar. «¿Sabe usted quién es ese hombre?», le preguntó el caballero elegante al encargado del hotel. «No», respondió el encargado. «Thomas Jefferson, el vicepresidente de Estados Unidos». El gerente entonces envió a un empleado para que fuera a decirle a Jefferson que el hotel estaba a su disposición. Pero Jefferson no aceptó quedarse allí.
En ese hotel, Jefferson sufrió discriminación por su apariencia. Muchas veces, nosotros hacemos lo mismo: juzgamos a los demás por la ropa que llevan o la apariencia que tienen, y en función de eso los tratamos.
El héroe, sin embargo, no discrimina de esta manera, sino que trata bien a todas las personas.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
