Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar ni para enojarse (Santiago 1: 19).
Siempre pensé que se me daba bien escuchar a los demás, hasta que pasé unos días con mi familia. Entonces, me di cuenta de que necesitaba mejorar esta habilidad.
Una de mis hermanas, entusiasmada, estaba contando un hecho, y yo, recordando algo menos importante, mientras ella hablaba comencé a conversar con otra hermana. Solo me di cuenta de la interrupción cuando ella reaccionó: Ey, Mi, ¿me cortaste y me dejaste hablando sola otra vez?. Confieso que me sentí mal, no por su reacción, sino porque me decepcioné de mí misma.
¿Sueles interrumpir el razonamiento de quien está hablando contigo? ¿Cuántas veces estás tan absorta en tu mundo que apenas te das cuenta de que estás escuchando a otra persona? Saber escuchar es hoy en día una de las cualidades mejor valoradas dentro de una empresa y en las relaciones en general.
Los ámbitos más esenciales de nuestra vida son influenciados por nuestra capacidad de escuchar. Esta afecta a la calidad de nuestras amistades, a la unidad familiar, a nuestra influencia en el trabajo… Quien sabe escuchar demuestra simpatía, conquista a su interlocutor y agrega a su patrimonio cultural la información que recibe de la otra persona.
¿Deseas ser una buena oyente? Toma en cuenta las siguientes pautas:
Escucha con los ojos. Mira a tu interlocutor, ofrécele atención indivisa, concéntrate en lo que está diciendo. Escucha activamente. Escucha los sentimientos del interlocutor, preguntándote: ¿Qué hay por detrás de lo que está diciendo?, Si fuera necesario, pídele que te aclare algún punto; en el momento adecuado, pregunta, comenta, demostrando interés en la conversación.
Escucha con el corazón. Procura comprender, sentir lo que el otro siente. Sensibilízate con la situación. Aun cuando no estés de acuerdo.
Escucha sin apuro para hablar. Controla la ansiedad. Respira y no te apresures en contar algo al respecto como respuesta. Escucha para aprender. El aprendizaje sucede, en gran medida, cuando escuchas.
Muchas veces, el buen oyente ni siquiera necesita hablar. Puede simplemente escuchar el desahogo o dar ánimo a quien busca ayuda al verbalizar el problema de manera clara.
Escuchar a aquellos que lo necesitan es una eficiente manera de dar testimonio de nuestra fe. Estemos siempre listas para escuchar y no nos apuremos para hablar.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
