martes , 1 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2026

Un llamado a la santidad

 

 

Cristo elevará y refinará la mente del hombre, purificándola de toda escoria a fin de que pueda apreciar el amor incomparable.

Por medio del arrepentimiento, la fe y las buenas obras, él puede perfeccionar un carácter justo, y reclamar, por los méritos de Cristo, los privilegios de los hijos de Dios. Los principios de la verdad divina, recibidos y atesorados en el corazón, nos elevarán a alturas de excelencia moral que no nos hubiera sido posible pensar que alcanzaríamos… “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”.

La santidad de corazón y la pureza de vida eran los grandes temas de las enseñanzas de Cristo. En su Sermón del Monte, después de especificar lo que se debe hacer a fin de ser benditos, y lo que no se debe hacer, dice: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. La perfección, la santidad, nada menos que eso, les otorgará el éxito en la aplicación de los principios que les ha dado. Sin la santidad, el corazón humano es egoísta, pecaminoso y vicioso. La santidad hará que su poseedor sea fructífero y que abunda en buenas obras. Nunca se cansará del bien hacer, ni tratará de escalar posiciones en este mundo, sino que esperará ser elevado por la Majestad del cielo cuando exalte a sus santificados en su trono… La santidad de corazón producirá actos rectos.

Así como Dios es puro en su esfera, el hombre ha de ser puro en la suya. Y será puro si Cristo se forma en su interior, la esperanza de gloria; porque imitará la vida de Cristo y reflejará su carácter.

La dignidad principesca del carácter cristiano brillará como el sol y los rayos de luz del rostro de Cristo se reflejarán sobre aquellos que se han purificado a sí mismos como él es puro.

La pureza de vida (Dios nos cuida, 2 de enero pureza, p. 10).

Nuestro corazón es malo y no lo podemos cambiar… La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera, pero para esto no tienen ningún poder. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Debe haber un poder que obre en el interior, una vida nueva de lo alto, antes de que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad.

Nadie recibe la santidad como derecho de primogenitura o como obsequio de parte de algún otro ser humano. La santidad es el don de Dios por medio de Cristo. Los que reciben al Salvador llegan a ser hijos de Dios. Son sus hijos espirituales, nacidos de nuevo, renovados en justicia y verdadera santidad. Sus mentes son cambiadas. Con visión más clara contemplan las realidades eternas. Son adoptados en la familia de Dios, y llegan a adquirir su semejanza, transformados por su Espíritu de gloria en gloria. Después de albergar un amor supremo por sí mismos, llegan a albergar un amor supremo por Dios y por Cristo… Aceptar a Cristo como Salvador personal y seguir su ejemplo de abnegación, he aquí el secreto de la santidad (La maravillosa gracia de Dios, 22 de abril, p. 120).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
3er. Trimestre 2026 «PRIMERA Y SEGUNDA A LOS CORINTIO»
Lección 10 «EL MINISTERIO CRISTIANO AUTÉNTICO»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Esther Jiménez

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