«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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«Finalmente cayó en cuenta de que había sido muy tonto y se dijo: «¡Todos los trabajadores de mi padre tienen suficiente comida, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!»» Lucas 15:17, PDT
El hijo pródigo experimentó una serie de caídas. Cayó al pedir la herencia, cayó al dejar la casa de su padre, cayó al ir a un país lejano, cayó al malgastar el dinero, cayó al buscar al señor de aquella lejana tierra y cayó al aceptar cuidar de cerdos.
Sin embargo, después de llegar al fondo del pozo, ocurrió lo que nadie esperaba: cayó de nuevo. Pero esta vez su caída fue «hacia arriba». «Cayó en cuenta», dice la Biblia. En medio de los cerdos, con la ropa sucia y rota, el hijo harapiento recordó lo acogedora que era la casa de su padre. Allí había comida, refugio, calor y, lo más importante, el amor eterno del padre.
La Biblia afirma que es la bondad del Señor la que nos lleva al arrepentimiento (Rom. 2:4). Cuando miramos la misericordia de Dios, caemos en la gracia de un Padre que no se cansa de amar. Al mismo tiempo, vemos la deplorable condición en la que nos encontramos y sentimos tristeza por haber herido el corazón del Padre. El apóstol Pablo describe esta realidad de la siguiente manera: «La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación» (2 Cor. 7:10, NVI). ¡Qué tristeza bendita!
Después de darse cuenta de que había cambiado todo por nada, el hijo pródigo decidió regresar a su padre (Luc. 15:18). Este es el resultado del verdadero arrepentimiento. La persona abandona la vieja vida. Deja los cerdos. Reconoce que ha pecado contra Dios y contra el prójimo. Deja la soledad impuesta por el pecado y regresa no solo a casa, sino a una Persona maravillosa.
Es hermoso imaginar que, mientras el joven hambriento tambaleaba en dirección a la casa, había un becerro engordando en la finca de su padre, listo para la fiesta de su llegada. Mientras el hijo carecía de dignidad en una tierra extranjera, el padre ya había preparado un anillo, zapatos y las mejores vestiduras para su regreso. Mientras el joven traía en su mente la duda del perdón, el padre lo esperaba ansiosamente al borde del camino.
Eso es exactamente lo que Dios hace por ti hoy. Él espera pacientemente tu regreso. Si aún estás en una «tierra distante», sirviendo a un «mal señor», pasando «hambre» y cuidando «cerdos», cae en cuenta y regresa pronto a casa. Solo allí hay amor, libertad y verdadera felicidad.
«DIFERENTE»
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