domingo , 5 julio 2026
Matinal de Jóvenes 2026

Las osas y los matones

 

Y cuando [Eliseo] iba por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad y se burlaban de él diciendo: “¡Calvo, sube! ¡Calvo, sube!”» (2 Reyes 2:23).

Desde fines del siglo XX, la palabra bullying ha ganado notoriedad en los medios de comunicación y en el ámbito académico. Es un término en inglés que significa «acción continua realizada por un matón cuya intención es acosar, humillar, intimidar o ridiculizar a una persona». Estos abusos pueden ser verbales, físicos o psicológicos, y ocurren incluso en el entorno virtual.

Según una investigación realizada por Microsoft, el 43 % de los brasileños estuvieron involucrados en casos de bullying en Internet entre 2012 y 2013. Los más afectados fueron los individuos de la generación Y, conocidos como millennials (nacidos entre 1981 y 1996), y los de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2010).

En el versículo de hoy encontramos una escena de bullying protagonizada por algunos jóvenes contra el profeta de Dios. Elías había subido al cielo en un torbellino y había dejado caer su manto sobre su sucesor, Eliseo. Ese manto representaba el llamado al ministerio profético y también el poder para cumplir la misión. Al regresar a casa con esa señal de autoridad, Eliseo debía ser reconocido como el sucesor de Elías.

Sin embargo, algunos muchachos que salían de Betel ridiculizaron al profeta, como si le estuvieran diciendo: «¿También vas a subir al cielo, calvo?». Se olvidaron de que la obra de Dios es algo serio. Esos jóvenes podían tener pelo, pero no tenían cabeza.

La Biblia nos cuenta que el profeta Eliseo maldijo a los muchachos y, rápidamente, dos osas les dieron una lección a los responsables del bullying. Este trágico hecho mostró que las reglas antiguas seguían en pie. El mismo Dios de Elías todavía actuaba a través de Eliseo.

Debemos tener mucho cuidado con nuestras palabras. Jesús dijo que «en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hayan hablado» (Mat. 12:36). No te burles de nadie ni lo menosprecies por sus características físicas o de personalidad. Recuerda que Dios nos creó a su imagen. Si alguien desprecia a una persona, es como si estuviera despreciando al propio Dios. Y de él nadie se burla. «Todo lo que el hombre siembre, eso también segará» (Gál. 6:7).

«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González

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