«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.>>
Filipenses 4: 8.
¿Puede alguno tener la mente en blanco por lo menos durante un día? La respuesta es no, porque la mente siempre está activa. Incluso es más activa mientras duermes. Aun cuando estás tranquilo y relajado, los pensamientos están activos y, de forma involuntaria, puede que de pronto te des cuenta cuando estás consciente de lo que estás pensando inconscientemente. Algunos pensamientos te podrían asustar tanto que te hagan preguntarte por qué estás pensando eso. También puede que lleguen ideas malas, corruptas y sucias que optes por desechar. Es una lucha continua entre la mente carnal y la espiritual.
La mente carnal no desecha los pensamientos impuros, sucios o corruptos, sino que les da entrada conscientemente. Se deleita en ellos y hasta los provoca, ensanchándose lo más que pueda en ellos. No tiene límite; todo lo que ve, habla, toca y escucha la nutre de lo malo.
La mente espiritual, por otro lado, vive en una continua guerra contra el pecado. Aunque su naturaleza es carnal y propicia al pecado, el hombre espiritual se aferra a las promesas de Dios, pidiendo que el Espíritu Santo tome posesión de su mente, de manera que los pensamientos sucios, corruptos y carnales no aniden en su mente; y no permite conscientemente que permanezcan en él, sino que los desecha.
El apóstol te aconseja pensar en todo lo que es noble, recto, puro, amable y admirable. Definitivamente, para el ser humano carnal hacer esto es imposible, ya que no solo no puede, sino que no quiere. La única manera de lograrlo es que el Espíritu Santo gobierne su mente, es decir, que entregue su voluntad a Dios por completo.
Mi querido amigo, solo tú sabes cómo son tus pensamientos. Quizá te avergüence lo que piensas, te asuste o te abochorne, pero tu caso no es desesperado, Dios puede hacer el cambio en ti. Está listo no solo para ayudarte, sino para cambiarte, pues entiende y sabe que no puedes solo. Ven a Jesús y entrégale tu voluntad en sus manos, pues solo por su gracia podrás cambiar.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
